
La decisión del equipo económico está tomada: aunque el riesgo país esté por debajo de los 500 puntos básicos, no habrá colocación de bonos en los mercados internacionales. Tanto el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, como el presidente Javier Milei coinciden en no convalidar tasas en dólares que siguen considerando excesivas.
Ambos coinciden en que resta un largo camino para la recuperación de los bonos en dólares y la baja adicional del riesgo país. En estos niveles, el Gobierno podría salir al mercado, pero afrontaría un costo cercano al 9% anual.
La intención es que esos rendimientos, como mínimo, converjan hacia lo que hoy pagan las empresas argentinas de primera línea: alrededor del 8% o incluso algo menos.
La compra de más de USD 1.000 millones en enero por parte del Banco Central de la República Argentina (BCRA) fue tomada como una buena noticia por el mercado y resultó clave para que el riesgo país perforara los 500 puntos. Las reservas, ayer, tocaron un nuevo máximo en la gestión de Javier Milei: cerraron en 46.159 millones de dólares. Parte del incremento de USD 5.000 millones en lo que va del año también se explica por la suba del precio del oro, que forma parte del stock del BCRA.
La decisión de Caputo de no salir al mercado internacional persigue dos objetivos. Por un lado, ganar tiempo para que las tasas sigan descendiendo; por otro, reducir la cantidad de bonos en dólares ofertados en el mercado.
A medida que aumente el apetito de los inversores por Argentina y, simultáneamente, disminuya la oferta de bonos, el resultado inevitable será la continuación del ascenso en las cotizaciones de los títulos.
En un reportaje a Bloomberg la semana pasada, Milei afirmó que una eventual salida al mercado internacional se destinará a refinanciar vencimientos. No obstante, el objetivo es que ese “roll over” sea parcial: solo una porción se afrontaría con fondos frescos provenientes de futuras colocaciones; el resto se pagaría con compras de dólares procedentes del superávit fiscal y de privatizaciones. No se descartan nuevos repos con bancos internacionales, que se colocan a tasas algo inferiores a las del mercado y no implican la emisión de nuevos títulos.
De este modo, la lógica que aplica el Gobierno para reducir la inflación es similar a la que sigue para disminuir el riesgo país. La escasez de pesos es una de las consignas centrales del plan financiero, que ya está en su fase 4. Eso permitió no solo una desaceleración de la inflación, sino también estabilidad cambiaria.
La lógica de esta nueva etapa, con mayor acceso al financiamiento internacional, es no inundar el mercado con bonos argentinos; al contrario, avanzar de manera muy gradual.
Incluso se trata de una estrategia opuesta a la que aplicó el propio Caputo cuando fue ministro de Finanzas en el gobierno de Mauricio Macri. Entonces, la administración macrista colocó casi USD 50.000 millones en algo más de dos años; sin embargo, casi la totalidad de esos fondos se destinó a cubrir el elevado déficit fiscal.
Hoy el contexto es totalmente distinto: hay superávit y, por tanto, no es necesario recurrir a financiamiento para cubrir necesidades de gasto. No obstante, la salida al mercado resulta relevante para afrontar, al menos parcialmente, los vencimientos y evitar seguir consumiendo los todavía escasos dólares que acumula el Central.
Por ahora, los mercados mantienen la racha, lo que favorece a activos de mayor riesgo como los argentinos, por lo que el riesgo país tiene margen para continuar su descenso.
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