Viernes, 19 de diciembre de 2025   |   Internacionales

En clave política: cómo la comida rápida y los bares urbanos de la antigua Roma moldearon costumbres y poder

Estudios revelan que la mayoría de los habitantes optaba por preparaciones sencillas en locales bulliciosos y compartidos
En clave política: cómo la comida rápida y los bares urbanos de la antigua Roma moldearon costumbres y poder

El almuerzo romano, conocido como “prandium”, era una breve pausa entre las actividades de la mañana y las labores de la tarde. La mayoría de los ciudadanos comía al mediodía en locales sencillos donde se servían platos simples y variados. Esta costumbre respondía a la necesidad de recuperar fuerzas con rapidez, sin perder tiempo. De ese modo, en la Roma antigua la experiencia de comer durante el día variaba notablemente según la clase social y el estilo de vida.

Las opciones para almorzar dependían en gran medida del nivel económico de cada persona. La élite disfrutaba de banquetes vespertinos o nocturnos, con abundante comida y vino en ambientes privados y exclusivos.

En contraste, la mayoría optaba por alternativas asequibles y accesibles para comer fuera de casa, lo que refleja la diversidad social y la importancia que los romanos otorgaban a la comida rápida y funcional.

De acuerdo con investigaciones publicadas por Historia National Geographic, tres tipos de establecimientos ofrecían alimentación en la antigua Roma: cauponae, popinae y tabernae.

La caupona se asemejaba a un hostal moderno: servía comida en la planta baja, ofrecía alojamiento en los pisos superiores y, si estaba ubicada fuera de la ciudad, disponía de establos para caballos. Algunas contaban con espacios privados para grupos dispuestos a pagar un suplemento por mayor privacidad.

Las popinae y las tabernae, por su parte, cumplían funciones similares a las de los bares actuales, aunque se distinguían claramente en comodidad y servicios.

La principal distinción entre popinae y tabernae residía en el mobiliario y la disposición: según National Geographic, en las primeras había mesas y sillas para los clientes, mientras que en las otras se comía de pie o en bancos colocados en el exterior del local.

Ambas ofrecían comida rápida y de poca elaboración, pensada para quienes necesitaban comer con rapidez y continuar con sus tareas diarias.

Los alimentos y las bebidas se almacenaban en ánforas y se servían con rapidez; además, el local solía disponer de un pequeño brasero para calentar la comida y de un espacio con agua para una limpieza básica y veloz de los platos.

La palabra “thermopolium”, que significa “lugar donde se vende caliente”, designaba este tipo de centros de comida rápida, aunque no solo ofrecían alimentos calientes. Estos locales se popularizaron entre quienes, por razones económicas, no tenían acceso a una cocina privada en sus viviendas o buscaban una opción económica y práctica para almorzar fuera de casa.

Respecto al menú, la variedad era limitada pero suficiente para cubrir las necesidades energéticas de la población. Los platos más habituales incluían legumbres, queso, frutas, huevos, aceitunas, verduras y tortas elaboradas con farro o trigo.

También podían encontrarse porciones de carne y pescado, sobre todo en la caupona. Para dar sabor a los alimentos, los romanos utilizaban salsas y aliños preparados con miel, vinagre, vino y especias. El condimento principal era el garum, una salsa fuerte obtenida al fermentar vísceras de pescado.

En cuanto a las bebidas, era común diluir el vino con agua; el vino puro se reservaba para banquetes y ceremonias. La miel servía para endulzar las bebidas, especialmente cuando el vino comenzaba a avinagrarse.

Otras opciones populares eran el piperatum, que mezclaba agua caliente, vino, miel, pimienta y hierbas, y la posca, una mezcla de vinagre y agua apreciada por su bajo precio y sus propiedades antibacterianas.

Comer en estos locales también era una oportunidad para socializar. De acuerdo con National Geographic, muchos clientes se reunían para jugar en grupo con dados, a pesar de que los juegos de azar y las apuestas estaban prohibidos oficialmente. Las sanciones rara vez se aplicaban con rigor, siempre que no surgieran disturbios graves.

Los establecimientos de comida cumplían además otras funciones. Según la misma fuente, era habitual que ofrecieran servicios sexuales a los clientes, algo que incluía tanto a esclavas como a mujeres libres empobrecidas.

Estas prácticas formaban parte de la economía informal del local, en una sociedad que normalizaba los servicios de las camareras, aunque al mismo tiempo mantenía un fuerte estigma sobre ellas.

El estudio de los restos arqueológicos en Pompeya y otras ciudades ha aportado detalles sobre las provisiones consumidas por diferentes grupos sociales. Por ejemplo, los esclavos solían recibir legumbres y frutas para mantener su salud y productividad, registro que coincide con los hallazgos de ánforas y cestas encontrados en viviendas y comercios.

La compleja red de establecimientos, la variedad de alimentos y el uso de los espacios para el ocio y otras actividades muestran la importancia de la comida en la vida cotidiana de la antigua Roma.

La costumbre de comer de pie o en locales compartidos, lejos del hogar, marcaba el ritmo de los días en una sociedad urbana y diversa. El almuerzo romano era simple, funcional y adaptado a las exigencias de la vida diaria, pero también formaba parte de la identidad cultural de la ciudad: un hábito que, siglos más tarde, sería característico de la sociedad moderna.

Déjanos tu comentario: