
El pasado lunes 12 de enero, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA por sus siglas en inglés) publicó sus tradicionales cifras de Oferta y Demanda Mundial y Estadounidense; en esta ocasión sumó además los reportes de área triguera y los stocks trimestrales para el país del norte. En enero estos informes suelen contener datos relevantes y, esta vez, no fue la excepción: el organismo con sede en Washington no defraudó. Veamos.
El USDA aumentó el área cosechada tanto de maíz como de soja en EE.UU. y elevó el rendimiento del maíz, resultando en una mayor producción de ambos cultivos para el ciclo 2025/26. Además, incrementó la estimación de la producción de soja en Brasil, llevándola a un nuevo récord de 178 millones de toneladas. Pero no quedó ahí: también redujo las exportaciones de soja desde los Estados Unidos y, casi como consuelo, apenas incrementó la molienda en ese país. A modo de confirmación, la Asociación de Procesadores del citado país (NOPA por sus siglas en inglés), apenas tres días después, informó una molturación mensual de la oleaginosa en diciembre que se ubica como el segundo mayor registro histórico, sólo por debajo de octubre pasado. Podríamos cansarlos con más cifras, pero no es necesario.
Lo relevante de las cifras del USDA no son tanto los guarismos en sí, sino el efecto que pueden provocar en el mercado. El organismo acertó en el golpe y lo dio en la línea de flotación. En el caso de la soja no cuesta entenderlo: la relación Stock/Consumo a nivel mundial roza el 30%. Un porcentaje así indica que el mundo está bien abastecido, mientras que para Estados Unidos —hasta el mes pasado— la relación era de 6,70%. De ese modo, el mercado global estaba “holgado” respecto de la oleaginosa, mientras que el país del norte comenzaba a mostrar cierta estrechez. En medio está el acuerdo entre EE.UU. y China sobre aranceles y las dudas sobre si el gigante asiático cumplirá con lo “supuestamente acordado”. Difícil reprochar el recorte en la proyección de exportaciones, porque las ventas reales venían por debajo de lo estimado por el USDA. Ahora, un aumento de la producción y una elevación de la molienda —“con gusto a amarrete”— sacan a la nación americana de la situación de inventarios ajustados. Ergo: si el mundo está holgado y EE.UU. menos apretado, el efecto recae directamente en los precios.
Producción de biodiésel
En el caso del maíz, el USDA también atinó al blanco. Aquí la situación es la inversa: a escala mundial el mercado está ajustado (algo más del 20% de relación Stock/Consumo), mientras que para Estados Unidos —con un guarismo de 12,50% el mes pasado— la situación resultaba bastante holgada. Es difícil para cualquier analista modificar de forma sustancial las cifras a nivel global, porque los volúmenes son tan grandes que un cambio debería ser inmenso para generar efecto. En cambio, en la escala del maíz estadounidense es más sencillo influir. Los 425,50 millones de toneladas de producción estimados en diciembre ya constituían un récord: nunca antes se había visto una cosecha de este cultivo que comenzara con un 4 en la centena. Pero el USDA volvió a superarse: no sólo aumentó el área cosechada (reduciendo el abandono), sino que además mejoró el rendimiento proyectado. Ahora la producción alcanza un nuevo hito de 432,40 millones de toneladas… No más palabras, señor juez.
El autor es socio de Nóvitas




