Miércoles, 23 de julio de 2025   |   Campo

El uruguayo que llegó con mate y triunfó en la industria lechera de Argentina: una historia inspiradora

El uruguayo que llegó con mate y triunfó en la industria lechera de Argentina: una historia inspiradora

A los ocho años, ya comprendía el significado del trabajo duro. Ordeñaba vacas a mano en su calle y repartía leche en su pueblo. Con los excedentes, elaboraba queso para vender. Esa imagen de Leonardo García, un niño uruguayo con vocación tambera, marca el inicio de una vida cimentada en el esfuerzo, la pasión por las vacas lecheras y una inquebrantable voluntad de trabajo.

Hoy, con 50 años, García se desempeña como jurado oficial de la Asociación Criadores de Holando Argentino (ACHA) y es una figura destacada en el sector lechero. Su entusiasmo es palpable: tras cinco años de ausencia, la raza Holando regresa a la pista central de la Exposición Rural de Palermo. La fecha es el próximo viernes 25, a partir de las 10, cuando las vacas overas volverán con fuerza a la sección 3 de la arena palermitana, marcando un momento muy esperado por criadores y entusiastas de la genética lechera.

“Soy del departamento de San José, una importante cuenca lechera en Uruguay. Mi abuelo tenía un pequeño tambo. Desde los dos años, solía acompañarlo”, recuerda en diálogo con LA NACION.

Sin embargo, cuando sus abuelos abandonaron el tambo para mudarse al pueblo, el joven no dejó de trabajar. “Seguí ordeñando mis vaquitas en la calle. Tenía un lugar donde las cuidaba de noche, ordeñaba a mano y repartía la leche. Hice eso hasta los 14 años”, relata con naturalidad.

El punto de inflexión llegó cuando un amigo le propuso una oportunidad que cambiaría su vida: trabajar en un tambo en Punta del Este. “Estaba en segundo año de secundaria y le dije a mi papá que me iba. Se quería morir. Deje los estudios y me fui a Lapataia a los 14 años”, confiesa. Allí, además de iniciar su carrera como tambero, conoció a su primera esposa, con quien tuvo dos hijos.

Sin embargo, había algo que siempre lo atraía: Argentina. “Me encantaba. Un día, un amigo, Julio Carrere, representante de una empresa de inseminación, me recomendó, y llegué con mi bolso, el mate y el termo bajo el brazo a Retiro. De ahí, a Capitán Sarmiento, a la estancia La Elisa, en Ciale. Tenía 18 años”, recuerda.

En La Elisa, García se desempeñó como parquero y cabañero. Su dedicación pronto fue reconocida. A los 19 años, ya estaba en la pista de Palermo con sus animales. “Luego, Flavio Mastellone vino a buscarme para trabajar en Los Toldos. Allí estuve dos años, hasta que llegó alguien que marcaría mi carrera: Alejandro Giúdice”, señala.

Giúdice le presentó un proyecto en Vicente Casares. “Era Campazú. Me dijo que tenía algo interesante para mí, fui a verlo y me quedé. Ahí comenzó todo”, asegura. Desde 1996, García estuvo al frente de la cabaña durante 13 años. “Campazú fue la mejor etapa de mi vida. Allí aprendí a trabajar y a querer las vacas. En 1997 me enviaron a capacitarme a Estados Unidos y, al regresar, todo cambió. Mejoramos la alimentación, el manejo y la genética. Y los resultados fueron evidentes.”

Bajo su gestión, Campazú dominó la pista de Palermo durante una década, obteniendo más de 20 vacas calificadas como excelentes, siete veces Gran Campeón Macho, dos veces Gran Campeona Hembra, cinco veces Reservada Gran Campeona y tres Campeonas Vaca Joven. “Marcamos un antes y un después. Aprendí muchísimo y siempre lo agradeceré”, dice.

Ese reconocimiento lo consolidó como referente. “Me hice conocido tanto como persona como cabañero. Luego decidí irme porque quería continuar con lo que más me apasionaba: la genética”, aclara. Así llegó a Venado Tuerto, donde trabajó en un centro de inseminación durante seis años, hasta que ProduGene lo convocó como asesor en genética lechera, función que desempeña desde hace más de ocho años. Representa a la empresa estadounidense ST Genetics y atiende más de 70 tambos en Buenos Aires.

También ha sido jurado internacional de Holando desde 2006, participando en jurados en Uruguay, Perú, Paraguay y en las principales exposiciones de Argentina. Sin embargo, este año, Palermo lo encontró en un rol especial: fue nuevamente elegido jurado para la muestra rural. “Es un orgullo enorme. Palermo es una vitrina. Que me elijan para jurar aquí, después de tantos años, es una satisfacción inmensa”, confiesa emocionado.

Actualmente reside en Vicente Casares, donde se estableció hace más de dos décadas. “Es la cuna de la lechería. Me encanta ese lugar. La Argentina me abrió las puertas, me acogió y me respeta. Soy uno más. Estoy sumamente agradecido”, enfatiza.

De su presente, responde sin titubeos: “Lo único que sé es trabajar, trabajar y trabajar. Cada mañana me levanto y pienso en qué puedo hacer para mejorar.” Esa filosofía lo ha convertido en un referente, pero también en un hombre querido. “Soy amigo del 70% de mis clientes porque hago todo con pasión. Recomiendo qué genética utilizar y cómo manejar los rodeos. Lo mío es vocación.”

A pesar de sus raíces orientales, hoy solo regresa a Uruguay de vacaciones. “La vida me llevó por otro camino. Amo lo que hago, amo la Argentina y cómo me tratan”, expresa.

Con una historia marcada por la constancia, la humildad y el amor por el trabajo, más de tres décadas después de aquella partida con un bolso, su mate y termo, García se ha consolidado como uno de los referentes más respetados en el ámbito de la genética lechera.

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