Viernes, 8 de agosto de 2025   |   Campo

El sorprendente legado de un descendiente que revolucionó un campo agrícola

El sorprendente legado de un descendiente que revolucionó un campo agrícola

En el último día del XXXIII Congreso de Aapresid, realizado en el predio de la Sociedad Rural Argentina (SRA) y organizado por Expoagro, se buscó exhibir casos concretos de éxito en sistemas integrados en actividad. Uno de ellos atrajo especialmente la atención: el productor Sean Cameron, quien subió al escenario vistiendo el kilt y otros elementos tradicionales de Escocia.

Este detalle no pasó desapercibido. La fecha coincide con la conmemoración de la llegada del primer barco de inmigrantes escoceses a Argentina, un hecho que dio origen a la comunidad de Chascomús. “Honor a ellos”, expresó Cameron, explicando el toque escocés de su presentación antes de iniciar su relato, que abarca más de un siglo y varias generaciones.

“Mi bisabuelo fue el último de mis antepasados en llegar al país. Trabajó 20 años en la ganadería ovina en Tierra del Fuego, luego recorrió la pampa húmeda durante dos años buscando un campo y terminó comprando 5000 hectáreas en Pieres, a 20 kilómetros del puerto de Quequén”, recordó. Esa proximidad a un puerto, resaltó, “sigue siendo relevante hoy”.

El objetivo de su bisabuelo era implementar en la región pampeana un manejo ovino-ganadero intensivo, inspirado en su experiencia en Nueva Zelanda y Tierra del Fuego. Hasta 1960, el campo se dedicó casi exclusivamente a la explotación ovina. Con el tiempo, la agricultura comenzó a desplazar a la ganadería, incluyendo también la producción bovina.

La transformación se aceleró entre las décadas de 1970 y 1990, con la revolución verde promovida por Norman Borlaug, que introdujo trigos más productivos, girasoles híbridos y maíces híbridos. “Cuando empecé a trabajar, a mediados de los 90, realizamos un cambio radical hacia la siembra directa. En un año y medio pasamos de todo convencional a todo directa”, relató a la audiencia.

Cameron advirtió que “el negocio de commodities está estresado”.

Esta transición estuvo acompañada por una estrategia definida: producción intensiva de commodities —trigo, cebada, maíz, girasol y poca soja—, junto a una reducción de costos mediante el valor agregado propio. “Instalamos silos, adquirimos camiones, maquinaria y logramos eficientizar al máximo ese modelo”, recordó.

No obstante, la innovación había comenzado mucho antes. Su padre importó en 1971 el primer equipo de riego autopropulsado hidráulico del país y, en 1990, el primero eléctrico. “Siempre hemos intensificado esa área de la empresa”, enfatizó.

La misión empresarial, heredada y adaptada, es clara: “Generar una renta significativamente mayor a un alquiler de mercado y continuar viviendo en el campo como nuestro único hogar. Queremos ser una empresa atractiva para las futuras generaciones”, afirmó.

Cameron cuenta con 14 pivotes centrales —seis de ellos eléctricos— equipados con telemetría para un monitoreo en tiempo real; bajo riego, la producción se torna más intensiva y se sostiene a lo largo del año, incluso en verano, cuando la mayoría de los campos entra en pausa.

En los últimos años, Cameron advirtió que “el negocio de commodities está estresado”. Los altos costos, la competencia de Brasil y Estados Unidos, así como los valores de alquiler, ejercen presión sobre los márgenes. Por ello, decidió enfocarse en la diversificación y el riego como ejes estratégicos.

“Una de las grandes ventajas del riego es que mejora la renta y reduce el riesgo al mismo tiempo. Eso es la panacea para cualquier inversor”, aseguró. Sus viajes a áreas áridas transformadas a través del riego, como Canterbury Plains en Nueva Zelanda y el Columbia River Valley en Estados Unidos, reforzaron su convicción.

La comparación fue inevitable: “Allí, con 200 o 400 milímetros de lluvia, riegan todo y producen de todo. Nosotros, en la pampa húmeda y sobre un acuífero, estamos lejos de eso”, planteó. Con ese cambio de mentalidad, se abrió a negocios de mayor valor, como la producción de semillas de maíz y maíz dulce para la industria.

Un buen maíz de consumo, regado, puede generar alrededor de US$2000 por hectárea. Sin embargo, la semilla de maíz, en una buena campaña, puede alcanzar hasta US$30.000 por hectárea en facturación bruta, aunque distribuida entre varios eslabones de la cadena. “Pasás de ser un productor de commodities a un proveedor esencial de un producto de altísimo valor”, explicó.

El sistema se apoya en rotaciones diseñadas para riego: maíz dulce, trigo candeal, soja, maíz semilla, con cultivos de servicio como trébol blanco o vicia. “El trébol es excelente: cosechás, fija nitrógeno y luego sembrás maíz sin necesidad de fertilización inorgánica”, detalló.

Hoy cuenta con 14 pivotes centrales —seis eléctricos— que permiten un monitoreo en tiempo real. Bajo riego, la producción se intensifica y se mantiene a lo largo del año, incluso en verano, cuando la mayoría de los campos permanece inactiva.

Otro aspecto diferencial es el aprovechamiento de las fechas de liberación de los lotes: “Se cosecha maíz dulce en febrero y en abril ya podés sembrar otro cultivo, a diferencia de un maíz de consumo que libera el lote en julio”, explicó.

La estrategia, según Cameron, no solo mejora la rentabilidad y la sostenibilidad, sino que también genera empleo y demanda de servicios en la zona. “Es un modelo más participativo, requiere más mano de obra y te mantiene activo todo el año”, afirmó.

El caso de Cameron, presentado en el Congreso, demuestra que la innovación, la diversificación y una visión a largo plazo pueden transformar un modelo productivo. Desde la pollera escocesa hasta el riego inteligente, el espíritu pionero se mantiene intacto.

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