
El 2,9% del índice de inflación de enero encendió todas las alarmas. No tanto por el número —que, aun siendo muy alto, tuvo ciertos atenuantes— sino por su trayectoria. Fue el octavo mes consecutivo de suba y casi duplicó el piso registrado en mayo pasado (1,5%). Resulta difícil sostener que el proceso de desinflación haya sufrido solo una desviación o un leve tropiezo.
Esta realidad obligó al equipo económico a revisar la marcha de la fase 4 del plan monetario, iniciada a comienzos de 2026. Desde la perspectiva de la compra de reservas, el resultado incluso supera lo previsto: el Banco Central está cerca de alcanzar los USD 2.000 millones.
Ese volumen de intervención del BCRA superó con creces las expectativas de fin de año. Se combinaron dos factores: por un lado aumentó la oferta de divisas por la liquidación de los dólares que empresas y provincias ingresaron al mercado internacional tras las elecciones legislativas.
Al mismo tiempo, se redujo la demanda de dólares por parte del público y de las empresas. El efecto fue una caída significativa del dólar, que en el segmento mayorista perforó los $ 1.400 y en el minorista se desplomó 70 pesos en lo que va de 2026.
Este ingreso de divisas quebró la escasez típica del primer trimestre, y el Gobierno lo utiliza como puente financiero para llegar en buena posición al período de liquidación de la cosecha gruesa, que va desde fines de abril hasta junio.
¿Remonetización postergada …
La contrapartida de la compra de dólares fue la expansión monetaria del Banco Central. No obstante, la remonetización prevista para la fase 4 del programa, en la práctica, no comenzó. El repunte de la inflación obligó al Tesoro a retirar del mercado la totalidad de los pesos emitidos desde el inicio del año.
El último miércoles esa dinámica se observó con mayor claridad: el Central compró USD 214 millones, cifra récord. En paralelo, el Tesoro refinanció el 123% de los vencimientos con el mercado, lo que en la práctica implicó retirar 1,7 billones de pesos.
Este ajuste monetario busca, de manera directa, retomar el rumbo de la desinflación. La intención es evitar que una oferta creciente de pesos por parte del BCRA se encuentre con una demanda baja y continúe presionando los precios.
El ajuste monetario busca retomar el sendero de desinflación
La decisión de demorar la remonetización tiene efectos inmediatos: el primero es una caída inesperada del dólar, con el mayorista perforando los 1.400 pesos. El segundo es un nivel de actividad que no repunta y exige mayor paciencia. La expectativa es que la muy buena cosecha de soja que se aproxima no solo aporte abundantes divisas, sino que también genere derrames en diversos sectores.
… y menor crecimiento?
El arranque del año, sin embargo, también obligó a recalibrar las expectativas para 2026. Ahora el mercado prevé algo más de inflación que la esperada hace tres meses y un crecimiento económico más moderado. En su último informe sobre Argentina, J.P.Morgan estimó que la inflación cerrará el año en torno al 26 por ciento.
La consecuencia inmediata del salto inflacionario es un mayor deterioro de los salarios, que aún no recuperaron los niveles de 2023. Además, la fuerte suba de los servicios públicos reduce el poder adquisitivo destinado a las compras de primera necesidad. Por si fuera poco, el rubro alimentos y bebidas aumentó 4,7% solo en enero.
La baja nominal del dólar, junto con una inflación mensual por encima del 2,5%, conduce a una dinámica compleja: la economía vuelve a encarecerse en dólares. El tipo de cambio real ya se apreció 10% desde el inicio de 2026, con lo que se perdió la mitad de la mejora obtenida en el segundo semestre de 2025.
El peligro es que, si la inflación se mantiene elevada y el tipo de cambio persiste en su presión bajista, se borre toda la ganancia de competitividad del año pasado. Para sectores como la construcción, que aún no terminan de recuperarse, es un golpe duro: los costos vuelven a subir, pero el valor del metro cuadrado en dólares apenas se mueve. El turismo receptivo también resulta afectado por una economía que se vuelve más cara para el visitante extranjero.
La reforma laboral en el espejo brasileño
La media sanción de la modernización laboral fue celebrada por el Gobierno y las principales cámaras empresarias. La iniciativa modifica numerosos aspectos de las relaciones laborales y reduce el poder sindical al otorgar prioridad a las negociaciones por empresa, incluso por sobre el convenio colectivo.
La referencia es la reforma laboral de Brasil de 2017, durante la presidencia de Michel Temer. Los resultados de esos cambios se toman como ejemplo a seguir: el empleo formal creció con fuerza en los años siguientes y la informalidad disminuyó. Por supuesto, ayudó que la economía estuviera en expansión durante ese período.
La reforma laboral impulsada por el Gobierno debe mostrar resultados en dos frentes. Por un lado, reducir al máximo la litigiosidad laboral —la llamada industria del juicio—, en la que participan empleados, abogados, peritos y jueces. Si lo logra, será un avance enorme.
El otro desafío es conseguir una mejora gradual en el empleo formal. De nada sirven las leyes laborales si el único fin es abaratar los despidos, dejar de pagar horas extras o excluir el medio aguinaldo en el caso de una indemnización.
De nada sirven las leyes laborales si el único fin es abaratar los despidos, dejar de pagar horas extras o excluir el medio aguinaldo en el caso de una indemnización
Mientras tanto, el mercado aguarda cuáles son las novedades que prometió Luis “Toto” Caputo tras un almuerzo en Olivos con Javier Milei y el titular del BCRA, Santiago Bausili. La principal apuesta es que se vienen medidas para flexibilizar los controles cambiarios para las empresas. La restricción cruzada, que impide operar en el oficial si antes hubo ventas de dólares por el MEP o contado con liquidación, es otra alternativa en la que se podría avanzar.
La eliminación gradual del cepo permitiría establecer un piso algo más alto para el dólar y atraer una mayor cantidad de inversiones extranjeras, sobre todo mediante el circuito financiero. La posibilidad de devolver al mercado local la categoría de “emergente”, algo que se estuvo especulando en las últimas jornadas, aún parece lejana y requeriría la remoción total de los controles cambiarios
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