Martes, 3 de febrero de 2026   |   Campo

El Mercosur enfrenta un doble desafío ante un contexto internacional complejo e incierto

El Mercosur enfrenta un doble desafío ante un contexto internacional complejo e incierto

El sistema agroalimentario del Cono Sur enfrenta hoy un escenario internacional notablemente más complejo, fragmentado e incierto que el de la década anterior. En esta década, el comercio agroindustrial internacional atravesó una transformación estructural que supera con creces las dinámicas tradicionales de oferta, demanda y precios.

La convergencia de rivalidades geopolíticas, conflictos armados, disrupciones logísticas, estrés climático, el debilitamiento del sistema multilateral de comercio y la proliferación de regulaciones unilaterales con efectos extraterritoriales (como el Reglamento UE 1115/2023 sobre deforestación) ha reconfigurado el papel de los alimentos, los insumos y las cadenas agroindustriales en la economía política global.

En este marco, el agro ha dejado de ser un ámbito predominantemente “técnico” del comercio internacional y se ha convertido en un componente explícito de la seguridad económica, estratégica y alimentaria de los Estados.

Es necesario generar insumos técnicos sólidos que sustenten propuestas de política concretas y acciones coordinadas entre la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay para promover un nuevo orden internacional basado en reglas, teniendo en cuenta que los países de menores dimensiones pierden poder comercial en forma individual. Jorge Saenz – AP

Para la Argentina y para el Mercosur esta transformación tiene una relevancia particular. Como uno de los principales proveedores netos de alimentos, proteínas y bioenergías a escala global, el bloque está simultáneamente mejor posicionado y más expuesto.

Gana centralidad en un mundo marcado por la inseguridad alimentaria, la incertidumbre, la volatilidad y la creciente politización del comercio; sin embargo, enfrenta exigencias cada vez mayores en materia de sostenibilidad, trazabilidad, confiabilidad, previsibilidad política y capacidad institucional de respuesta frente a un marco global que pierde las reglas acordadas.

En ese sentido, cabe señalar que las debilidades internas del proceso de integración del bloque limitan la posibilidad de convertir ese valor geopolítico en capacidad de incidencia regulatoria global, algo que sería mucho más difícil para un país por separado. La coordinación del Grupo de Países Productores del Sur (GPS) considera que una institucionalidad regional más robusta y eficiente es clave para el posicionamiento e inserción internacional de la producción de la Argentina y del bloque en este nuevo escenario.

Los países del Mercosur afrontan un doble desafío. Por un lado, deben preservar y fortalecer su competitividad exportadora, promoviendo activamente los atributos diferenciales de sus sistemas productivos frente a nuevas exigencias regulatorias que, en muchos casos, se diseñaron sin un adecuado reconocimiento de las realidades normativas, productivas y ambientales de la región.

Por otro lado, resulta imprescindible avanzar en la construcción de una agenda propia y proactiva de cooperación regional: armonizar progresivamente estándares, reforzar el posicionamiento internacional y desplegar una política agresiva de negociaciones comerciales.

Es necesario generar insumos técnicos sólidos que respalden propuestas de política concretas y acciones coordinadas entre la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, destinadas a promover un nuevo orden internacional basado en reglas, teniendo en cuenta que los países de menores dimensiones pierden poder comercial en forma individual.

Desde esa perspectiva, la discusión de fondo debe centrarse en qué tipo de alianzas público-privadas se requieren para una estrategia de inserción internacional proactiva que hoy resulta impostergable.

El autor es coordinador general del Grupo de Países Productores del Sur (GPS).

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