Domingo, 30 de noviembre de 2025   |   Nacionales

El éxito de no poder parar: el oficialismo capitaliza una inercia política imparable

El éxito de no poder parar: el oficialismo capitaliza una inercia política imparable

* “Patricia Bullrich no está capacitada para presidir ni un consorcio”, explicó un importante empresario que cuando se dedicó temporalmente a la política fue igualmente exitoso.

* “Por favor, dale algunas clases de economía a Patricia Bullrich”, pidió Mauricio Macri a un economista del PRO preocupado porque en la campaña electoral confundía desfacción con recesión e hiperinflación.

* La dicción de Patricia Bullrich es tan entrecortada que se hizo viral su imitadora Anacleta Chicle, del programa de Tomás Rebord en Blender.

* “Bullrich no sabe nada de seguridad, ella hace política con la seguridad”, explicó un gobernador electo por su éxito en combate a la inseguridad.

* “Todo el tiempo me dicen borracha porque no me pueden decir que alguna vez me vieron haciendo una gestión para quedarme con un peso de la gente, utilizan cosas absolutamente menores, porque toda mi vida he tenido una vida de austeridad, pudiendo haber elegido otra vida” (Patricia Bullrich).

* * *

Su antepenúltima jefa política, Elisa Carrió, sostuvo que Bullrich “no puede parar y a veces tiene formas masculinas” y añadió: “Le conozco todas las caras”, subrayando que cuando la Coalición Cívica perdió frente a Macri, Patricia Bullrich la dejó para sumarse al ganador. Esa conducta ya se había repetido con anterioridad con el peronismo: de ser diputada con Menem pasó a la Alianza y luego fue ministra de Trabajo con De la Rúa; antes todavía había transitado del peronismo de izquierda al menemismo. Hoy vuelve a replicar el patrón al llevar parte del PRO a LLA: una constante en su trayectoria.

Mauricio Macri, en 2015 cuando la designó ministra de Seguridad —cargo donde ella encontró el aura que le permitió construir su singularidad política y alcanzar popularidad— explicó que la había pensado porque trabajaba las 24 horas del día.

Y cuando Patricia Bullrich juró el viernes como senadora la acompañó su actual pareja, Guillermo Yanco; ella misma recuerda haberle dicho: “Nunca me hagas elegir entre la política y mi pareja, porque ya sabés la respuesta: me quedo con la política”.

“No poder parar”, como la definió Elisa Carrió, probablemente describe mejor que nada su carácter: imparable con cualquier compañía, de cualquier modo, siempre avanzando acompañando la flecha de la historia. Incluso proveniente de otra generación más cercana al padre de Victoria Villarruel (apenas ocho años mayor que Bullrich), no pudo contenerse en su debut como senadora y ya debió confrontar con la vicepresidenta desde el primer día, reavivando la paradoja soterrada de los años 70.

Bullrich no puso bombas en jardines de infantes, como afirmó Milei (¿dónde habrá quedado el juicio que ella le inició cuando ambos eran candidatos presidenciales?), pero a la vicepresidenta se le atribuye tener constancia de su participación en acciones terroristas. En su aporte siempre farsesco, la archienemiga de Victoria Villarruel, Lilia Lemoine, dijo: “Patricia Bullrich puso bombas en jardines de infantes, pero era adolescente y ahora está con nosotros y la adoramos”.

La imagen de Bullrich confrontando con Villarruel remite inevitablemente al papel invertido en el recorrido del último medio siglo. El padre de Villarruel fue reconocido por el general Balza como uno de los combatientes más valientes en la Guerra de las Malvinas, pese a ocupar posturas ideológicas opuestas dentro del Ejército: mientras él contribuyó a derrotar definitivamente la insurrección de los Carapintadas, el padre de Villarruel fue el segundo de Aldo Rico en la Compañía de Comandos 602 en Malvinas y en 1983 se negó a jurar por la Constitución nacional.

En los años 70 Bullrich integraba la agrupación Montoneros y su primer esposo fue el sociólogo y catedrático Marcelo “Pancho” Langieri, también montonero del círculo íntimo de Galimberti, quien a su vez fue pareja de la hermana de Bullrich. Así como causa sorpresa que Villarruel presida el Senado con un perfil legalista y se vea a sí misma como garante de la Constitución —en contraste con la negativa de su padre a reconocerla— resulta llamativo también el contraste entre la postura actual de Bullrich y la trayectoria de su primer marido y padre de su único hijo, que constituye un remanente de lo que ella fue y que el sociólogo Marcelo Langieri conserva intacto.

Él es docente universitario, exsecretario académico de la Facultad de Sociología de la Universidad de Buenos Aires y coordinador del área de Sociología del Programa UBA XXII de educación en las cárceles. Se manifiesta profundamente en desacuerdo con la ideología actual de Bullrich e incluso con sus medidas. El reciente 17 de noviembre escribió: “Argentina. De Ramón Falcón al Ford Falcon: vergüenzas de época”, donde sostiene: “El Gobierno Nacional, a través de una iniciativa del Ministerio de Seguridad, cambió los nombres a las escuelas de oficiales y suboficiales de la Policía Federal. Estos cambios de nombres se inscriben dentro de la batalla cultural lanzada por el Gobierno. En la escuela de cadetes, donde se forman los oficiales de la Policía, se restituyó el nombre de ‘Ramón L. Falcón’ reemplazado en épocas de la ministra Nilda Garré (…) también se cambió el nombre de la Escuela de Suboficiales en este caso por el de Alberto Villar, siniestro personaje, máxima expresión de la lucha ilegal contra el campo popular. Su accionar represivo ilegal tuvo como símbolo a los Falcon verdes, autos que utilizaban los grupos parapoliciales en sus acciones represivas. El legado represivo de Ramón Falcón hoy es retomado por el Gobierno como un símbolo de la mano dura y nos preguntamos cómo interpretar la reivindicación de Villar, el mayor representante de la represión ilegal de la Policía Federal. Su reivindicación constituye una verdadera vergüenza, inclusive para la propia institución. Que se pretenda poner como ejemplo a un manifiesto torturador y represor ilegal constituye una claudicación democrática que debería avergonzar al Gobierno, a la ministra autora de dicho acontecimiento y a la propia institución. Su muerte violenta no justifica sus crímenes y la sociedad argentina ha saldado esta discusión condenando penal y moralmente los crímenes de lesa humanidad. Tres vergüenzas para un gobierno que una vez más se pone de espaldas a los intereses del pueblo argentino. Olvidan quizás que el tiempo pasa”.

“Debería avergonzar a la ministra autora de dicho acontecimiento”, o sea a Patricia Bullrich, escribió su exmarido.

Pero ella no se detiene: logró que tres diputados más electos por el ex Juntos por el Cambio (Verónica Razzini, Alejandro Bongiovanni y Lorena Petrovich) se sumaran a LLA como parte del bloque de Bullrich; sumados a los ocho que ya se habían ido del PRO con ella y a los tres radicales que cooptó hace pocos días (Mariano Campero, Luis Picat y José Tournier), totalizan 14. Con su aporte, LLA alcanza 94 diputados, amenazando con arrebatarle la primera minoría al peronismo.

Patricia Bullrich no puede parar.

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