Viernes, 12 de septiembre de 2025   |   Campo

El dato que promete ser una bendición y el peligro que amenaza a una región del país

El dato que promete ser una bendición y el peligro que amenaza a una región del país

Tras meses de intensas lluvias que dejaron más de dos millones de hectáreas bajo el agua en la provincia de Buenos Aires, el sector agropecuario se enfrenta a la campaña gruesa —la siembra de maíz y soja— con una gran incertidumbre: ¿el clima de las próximas semanas ofrecerá alivio o generará más complicaciones? De acuerdo con un relevamiento de Carbap, al sumar las superficies a las que no se puede acceder por falta de suelo firme o caminos, el área afectada para la producción supera los tres millones de hectáreas.

Los climatólogos anticipan que la primavera traerá lluvias “normales”, aunque aclaran que esta normalidad no tendrá el mismo impacto en todos los lugares. Para algunos productores, será la oportunidad de avanzar con las siembras, mientras que otros podrían enfrentar la continuación de problemas de anegamiento.

Más de dos millones de hectáreas inundadasCARBAP

En las regiones donde se produce una buena recarga de agua sin encharcamientos, las lluvias habituales permitirán aprovechar la humedad para sembrar. En cambio, en áreas saturadas, como el centro-oeste bonaerense o la cuenca del Salado, esas mismas precipitaciones podrían ser problemáticas.

El climatólogo Germán Heinzenknecht indicó que los pronósticos coinciden en un panorama de lluvias normales. “En muchas zonas, una primavera normal será una bendición, mientras que en aquellas que ya están saturadas prolongará los problemas. Si septiembre fuese deficitario, el panorama cambiaría, pero casi todos los pronósticos indican que será normal en gran parte de Argentina”, explicó.

No obstante, ante la crítica situación que atraviesan algunas regiones por el exceso de agua, advirtió: “Un escenario de lluvias normales para el centro-oeste bonaerense, la cuenca del Salado, el sur de Santa Fe o el centro-este de Córdoba se complica si no han logrado evacuar adecuadamente esos excesos. Hay lugares, como Marcos Juárez, donde cayeron 300 milímetros y, si no drenan, la situación puede empeorar”, apuntó.

Agregó que, si se confirman nuevas lluvias en los próximos días, podrían surgir más complicaciones. “Si pudiéramos diseñar lo que se necesita, pediríamos que septiembre no llueva. Con el agua que hay en la región pampeana, las siembras podrían avanzar. Pero ya tenemos pronósticos de lluvias para la próxima semana. Son precipitaciones normales para septiembre en Buenos Aires, La Pampa y el sur de Santa Fe, pero dado el contexto, no son necesarias. Entonces, la ecuación no cierra. En ese sentido, septiembre ya genera presión”, advirtió.

Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA, destacó un aspecto positivo para las regiones más afectadas por el agua: el aumento de las temperaturas propias de la estación contribuirá a que los suelos se sequen más rápidamente. “La buena noticia es que en los próximos días no se vislumbran sistemas de precipitación intensa y, sobre todo, al incrementarse la temperatura en este periodo del año, la evapotranspiración de los cultivos y pasturas implantados aumentará significativamente”, explicó.

Según sus estimaciones, este proceso podría significar una pérdida diaria adicional de entre uno y dos milímetros de humedad, un aspecto clave para facilitar la recuperación de los lotes anegados.

Las lluvias complicarán a las zonas ya anegadasRicardo Pristupluk

Mercuri subrayó, además, que la campaña comienza en una situación inédita en casi una década: perfiles de suelo saturados de agua en gran parte del país. “Desde el último Niño 2015-2016 no se había registrado una salida de invierno con tanta agua disponible. Y no solo en el este del país: en Córdoba, en el oeste pampeano y en gran parte de la región central también se observó una recarga notable durante agosto.”

Para el investigador del INTA, esto constituye una buena base para planificar las siembras. Sin embargo, aclaró que los modelos estacionales presentan un escenario de neutralidad, es decir, sin anomalías claras en cuanto a lluvias. “Cabe mencionar que aun en contextos de neutralidad puede haber variabilidad climática. Podemos experimentar 15, 20 o 30 días con menor oferta de agua y luego meses con una recuperación de lluvias. Esa es una de las huellas más evidentes del cambio climático”, agregó.

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