
Tras semanas dominadas por el fuego, la sequía y temperaturas extremas, productores y habitantes de la Patagonia atraviesan una etapa de enorme tensión y desgaste. En Esquel y la Comarca Andina, los incendios forestales han arrasado bosques nativos centenarios, plantaciones productivas, chacras y viviendas, mientras el trabajo conjunto de vecinos, productores y brigadistas intenta contener focos que aún permanecen activos.
“Ahora por lo menos estamos algo más tranquilos, porque ayer por la tarde llovió un poco y bajó un poco la temperatura; entonces hizo que se pueda trabajar mejor y que el fuego no avance tan rápidamente”, contó a LA NACION Oscar De Knollseisen, presidente de la Sociedad Rural de Esquel, refiriéndose al alivio momentáneo que trajo la lluvia.
Según explicó, el avance del fuego se concentró principalmente en zonas de plantaciones forestales. “El fuego fue sobre todo sobre plantaciones forestales, donde ahora están trabajando mucho, sobre todo esa parte, para que no avance hacia los campos donde hay animales”, señaló.
Desde Esquel, productores advirtieron sobre el impacto ambiental, ganadero y social de los incendios forestales que siguen activos. Gza. de Knollseisen
Las pérdidas productivas ya son visibles. “Hay regiones que ya se quemaron, donde hay producción de fruta fina. Hay una chacra completa quemada que tenía plantaciones de fruta fina, se han quemado algunos viveros de plantas ornamentales y de plantaciones forestales”, detalló.
En particular, la actividad forestal recibió un golpe directo. “Se quemaron plantaciones de pino que son para producción, para los aserraderos. Algunos aserraderos se salvaron porque los protegieron, pero todo lo que se ha quemado es producción y trabajo para la gente de la zona y de la comarca que se va a perder”, advirtió.
Entre las especies afectadas, Knollseisen mencionó “plantaciones de pino Ponderosa y pino Oregón”, además de chacras dedicadas a fruta fina y hasta una hostería que quedó destruida por el fuego.
La situación también alcanzó a la producción ganadera de pequeña escala. “Hay pérdidas de animales, que comenzaron cuando el fuego se cruzó del lago hacia el sur y agarró un campo. No tenemos registro real de la cantidad de animales que se podrían haber perdido. Sin embargo, sabemos que hay caballos muertos especialmente en zonas de chacras donde los productores tienen 10 o 15 ovejas, cuatro vacas y algunos caballos”, relató, aunque aclaró que aún no hay cifras precisas.
La magnitud del desastre dificulta cualquier evaluación inmediata. “La situación es muy compleja, pero por ahora es muy difícil estimar, porque la gente está trabajando en apagar los focos y no tiene tiempo para hacer un recuento de lo que perdió”, explicó.
Los principales focos se originaron en áreas de alto valor ambiental. “Estamos hablando de dos lugares de reservas forestales: una provincial y la otra el Parque Nacional Los Alerces”, precisó el dirigente rural.
Uno de los incendios más graves comenzó con tormenta eléctrica “por un rayo, en los primeros días de diciembre”. “Se originó en las altas cumbres, de difícil acceso y se diseminó hacia la margen norte del Lago Menéndez, agarró el Lago Verde y tiró hacia el Lago Rivadavia”, detalló.
El otro foco se inició en Puerto Patriada, “a 150 kilómetros al norte de Esquel”, y avanzó con violencia. “Se quemó el cerro Pirque completo, pasó a la ruta 40 hacia el este y ahí se complicó todo”, describió. Ese incendio alcanzó zonas pobladas. “Entró en plantaciones forestales, aserraderos, se quemaron unas 12 casas y también una hostería”, enumeró.
Aún no hay una estimación económica del daño. “No sabemos el impacto económico de la pérdida de las hectáreas forestales que se quemaron, todavía no tenemos el diagnóstico”, afirmó.
Pero el golpe más duro es ambiental. “Lo que se quemó de bosque nativo es irreparable y eso no lo podemos resolver nunca más. Imaginate que en el Parque Nacional hay plantas de 300 años. Esas no las volvemos a recuperar nunca más”, se lamentó Knollseisen.
Dijo que alerces, arrayanes, coihues y lengas forman parte de una biodiversidad única que quedó arrasada: “Son plantas gigantes, de 30 y 40 metros de altura. La pérdida es irreparable y el daño ambiental es inmenso”.
El drama humano también atraviesa cada jornada. “Se me pone la piel de gallina de ver cómo trabajan a sol y a sombra los productores de la zona junto a los vecinos de los pueblos, poniendo todas sus fuerzas para apagar, junto a los bomberos, los fuegos inmensos que azotan la Patagonia”, expresó.
El contexto climático agrava la situación. “Está todo tan seco que cualquier cosa hace que se prenda fuego. Tenemos una sequía muy grande, venimos sin lluvias prácticamente y con un invierno sin nieve”, describió.
Incluso el turismo, una de las principales actividades de la región, quedó golpeado. “Esto también al sector turístico lo termina de matar”, advirtió.
Mientras tanto, la esperanza está puesta en el clima. “Si bien dan algo de lluvia para el miércoles, habrá que esperar, mirar al cielo y esperar. Lo importante es que no haya tanto viento ni temperaturas tan altas porque con humedad se puede contener un poco mejor el fuego”, concluyó.




