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Sábado, 15 de febrero de 2020

El crimen de Gesell y el rugby responsable (mención a histórico caso de Paraná)

El crimen de Gesell y el rugby responsable (mención a histórico caso de Paraná)

Todos los deportes, en los que el juego permite la violenciafísica sobre el adversario, tienen reglas estrictas sobre el punto. El rugby esuno de ellos y el cumplimiento de estas reglas debe imponerse sin reticencias,así como se lo ha hecho con la autoridad del árbitro.

La naturaleza de su juego admite una violencia limitadaracionalmente a la finalidad deportiva de cada jugada. Los excesos soncastigados por infracción a las reglas, pero si esa violencia se ejecuta fuerade la jugada, aprovechándose de sus contingencias o fuera de éstas y produce unresultado lesivo o letal, va a ser castigada como delito.

De hecho, es lo que ocurrió en Paraná, años atrás. En 1983Cayetano Massi, que jugaba por Inmaculada de Santa Fe contra el equipo deParaná Rowing, estando caído y cuando la pelota ya estaba jugándose en otrolado, recibió una patada en la cabeza que le produjo la muerte. Se hizo eljuicio oral y fue condenado el jugador que propinó el golpe a 9 años deprisión. En 1991, cuando realizábamos los Cursos de Capacitación paramagistrados nacionales sobre el Juicio Oral, hicimos tres simulacros de estecaso respetando las constancias del caso. Convocamos a figuras representativasy vinculadas al rugby. José Severo Caballero, que había presidido la CorteSuprema, Luis Darritchon y Luis Cevasco, rugbiers y penalistas, entre muchosmás. Con ellos y con magistrados que hoy lo siguen siendo, formamos equipos ehicimos las tres simulaciones. En ninguna se absolvió al rugbier que en la vidareal había golpeado a Cayetano Massi.

La propia naturaleza del rugby hace que el respeto hacia eladversario y la utilización contenida de la violencia sean una exigenciainclaudicable. Sin jugadores aguerridos se pierde la fiesta, pero con jugadoresdesleales se la arruina.

En los clubes se enseñan las reglas deportivas del rugby ypareciera que, en algunos, se filtran innecesarias y peligrosas tolerancias alo prohibido respecto de la integridad física del adversario. Peor aún, sonentendidas y festejadas como virtudes. Aquí está el dislate. Si a lostemerarios instigadores de estas conductas no se los aparta, si se tolera lamala fe, el desprecio por el otro y se admiten con naturalidad los excesos dela violencia, se degrada este dignísimo deporte a una lucha callejera deinciviles.

Los clubes no pueden tolerar que sus jugadores aparezcancomo los violentos de la noche con la fuerza que han madurado en susentrenamientos y que la cohesión de equipo sea el ingrediente unitivo de unapatota que lesiona y que mata. Por la gravísima culpa originada en esa culturaque tolera la afrenta física en el juego y que con la misma naturalidad latraslada a la vida social en la que acciona como grupo, cae una sanción socialgenérica e injusta.

El rugby no es el responsable por los hechos de VillaGesell, pero ocurrieron con sus jugadores. Por ello, deben prevenirse desdeadentro. Los jugadores deben internalizar a rajatabla el respeto a las normasdeportivas y el uso de la violencia contenida, especialmente, cuando seencuentran en grupo, tanto en el campo de juego y cuánto más, fuera de él.

Si a los jugadores de rugby son formados en la fortaleza delmúsculo, surge el deber de formarlos para la utilización respetuosa de esaspotencias. Este es un deber insoslayable de entrenadores y dirigentes, que debeser efectivamente cumplido.

(*) Artículo de opinión del abogado paranaense Julio Federik

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