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Domingo, 8 de marzo de 2020

El coraje de pensar (libro sobre intelectual entrerriano)

El coraje de pensar (libro sobre intelectual entrerriano)

En “Lamemoria, entre la política y la ética”, Clacso reunió los trabajos de HéctorSchmucler, uno de los grandes intelectuales argentinos, escritos entre 1979 y2015. Además de su destacada obra académica como semiólogo y estudioso de lacomunicación, el Toto Schmucler supo hilvanar una auténtica filosofía de lamemoria en torno a la reflexión sobre la violencia de los años 60 y 70. Nacido enHasenkamp, Entre Ríos, en 1931, falleció en Córdoba en 2018. Hizo grandesaportes a la teoría de la comunicación.

Hay temas delos que es muy riesgoso hablar con libertad, y prescindiendo de lopolíticamente correcto. La sociedad, a veces, puede llegar a aceptar ciertasincorrecciones, pero solo con la condición de que sean enunciadas desde unethos preverbal apropiado; en caso contrario, todo juicio de valor siempre va aestar bajo sospecha. Hoy un varón blanco heterosexual no puede, por ejemplo,ejercer una crítica más o menos libre al feminismo hegemónico. O por lo menosno sin correr el riesgo de, como mínimo, una impugnación ad hominem -o tambiénad baculum, ad machum- inmediata, y tal vez justa, porque a lo largo de lahistoria ha sido la mujer la que tuvo circunscriptas, vedadas, ciertas zonas delo decible y de lo pensable. Sabemos que cada episteme inaugura siempre nuevasinterdicciones, cada tragedia inaugura siempre nuevos tabúes, y por eso en elpensamiento no están implicados solo el talento, o la disciplina, o lacreatividad.

Pensar es, ante todo, un acto de coraje, y no suelen ser muchoslos que eligen -o los que pueden- asumir los riesgos de llevar la sinceridad, ola parresía, hasta ese punto en que se vuelve dolorosa, e incluso torturante.

En la Argentina, uno de los intelectuales en cuyos textos más se advierte estaforma del coraje que con frecuencia vuelve a quien lo practica unpensador/autor inclasificable, impermeable a toda etiqueta, es Héctor Schmucler(1931-2018), un semiólogo que hizo grandes aportes a la teoría de lacomunicación, pero que también se animó a pensar el tema más sensible denuestra historia moderna, el del terrorismo de Estado, el de los desaparecidos,desde lugares que aún hoy siguen siendo polémicos, aunque desde una perspectiva-y de ahí lo del ethos preverbal- que le concede autoridad: la del padre que haperdido a su hijo, y de la forma más terrible de todas, porque no solo lo hanprivado de la vida sino también de la muerte.

De tener una muerte humana, comohabía sucedido antes -aunque los procedimientos fueron otros, por supuesto- conlas víctimas de la Shoá. Pero lo interesante en Schmucler -lo heroico, másbien- es que no se queda, pese a todo, en la condena al aparato militar, cosaque por otro lado hubiese sido comprensible.

En este libro, que acaba depublicar Clacso con el título La memoria, entre la política y la ética y quereúne, entre otros, los artículos que escribió desde su exilio en México -sobretodo en la revista Controversia-, lo que se advierte es un intento desesperado,valiente, no por saber qué pasó, o cómo pasó, sino por entender cómo fueposible: esa es la quaestio que, para él, tiene que atravesar los engranajes dela memoria, y cuya respuesta exige, ante todo, la reconstrucción de un “climade época”, que en este caso implica indagar las condiciones que han tenido quedarse para que, “al día siguiente del 23 de marzo de 1976”, dice Schmucler, losoídos argentinos estuvieran habilitados “para escuchar el relato delaniquilamiento de uno de los bandos”.

¿De qué manera puede un corazónacostumbrarse a la impiedad, naturalizar el horror, o condescender al mal en sugrado más inhumano, ese que considera la anulación del otro apenas un problematécnico -y banal, en ese sentido-, como alguna vez sostuvo Hannah Arendt enEichmann en Jerusalén -libro que, por cierto, Schumucler cita recurrentementeen muchos de sus artículos? La respuesta no es nada fácil, desde luego, y sobretodo porque implica considerar, además de la influencia del aparato depropaganda de la última dictadura militar -cuya culpabilidad no pretendediluir, ni tampoco aminorar-, algunas responsabilidades civiles que no sesuelen tener en cuenta, y también las de una agrupación política comoMontoneros -a la que perteneció su hijo-, para la que la vida tampoco parecíatener mucho valor.

“La guerrilla ha pasado a confundir su imagen con la delpropio gobierno en la medida en que ha cultivado la muerte con la mismamentalidad con la que el fascismo privilegia la fuerza. En nombre de la lucha contrala opresión, ha edificado estructuras de terror y de culto a la violenciaciega. Ha reemplazado la voluntad de las masas por la verdad de un grupoiluminado. Nada de esto la coloca en posición favorable para reivindicar losderechos humanos”, escribe en uno de los artículos.

Pero su juicio va mucho másallá de la crítica, o incluso de la “autocrítica”, a la que considera “unaforma autocomplaciente de la mentira” que se ejerce para “reubicarse en elmundo”, y habla en cambio de “arrepentimiento”, que es un acto que encuentra suespacio, no en la “razón calculadora”, sino en la ética, como ocurre tambiéncon la memoria, dado que la memoria “arrastra las consecuencias de una opciónque habilita para actuar de una manera, pero que podría haber sido diferente”,escribe en otro de los artículos. “La memoria ha elegido aquellos recuerdos quela constituyen y esa elección -aunque nuestra consciencia al respecto seaprecaria- se asienta en principios derivados de alguna construcción ética”.

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