Esa es la deuda que mantiene el residual con el Municipio. Mientras, la ex entidad crediticia tiene un patrimonio de sólo 9 millones. El liquidador José Gaut anticipó que “es imposible” que el Municipio recupere ese dinero “porque no lo tenemos, no existe”, dijo. En 1995 se produjo la caída de la institución y el proceso de cierre definitivo ha perdurado tres períodos de Gobierno y ahora, inaugurará el cuarto. Por estos días, acalorados como en 1995, se cumplen 12 años de la caída del Banco Municipal de Paraná y casi la misma cantidad de tiempo del inicio de la liquidación, un proceso que ya parece interminable, cruzado por denuncias e irregularidades, y muy caro para las arcas públicas. Es que, actualmente, el Banco Municipal en liquidación mantiene una deuda con la Comuna de unos 44 millones de pesos, mientras que a la ex entidad bancaria le queda sólo un patrimonio cercano a los 9 millones. Aunque ese capital podría resultar menor, pues está conformado por bienes, muebles e inmuebles, y por créditos todavía a cobrar. Los 44 millones constituyen “un activo del Municipio, porque nosotros le debemos a la Municipalidad. Lo que pasa es que la Comuna no va a alcanzar a recuperar todo ese crédito. Es imposible que lo recupere, porque no lo tenemos, no existe”, explicó el abogado José Gaut, titular de la liquidación desde junio de 2004. En la primavera de 1995, el Gobierno municipal a cargo de Julio Solanas, actual intendente de la ciudad, recurrió –en el último tramo de la gestión– a la toma de un abultado empréstito ante el Fondo Fiduciario para el Desarrollo Provincial con el fin de atender la privatización o cierre del banco, según se lee en las crónicas de entonces. Al final, se instaló la última opción y ya con la persiana baja llegó un crédito por 20 millones de dólares, dinero con el que se calmó la desesperación de los ahorristas y se pagó buena parte de las indemnizaciones de los empleados. Ese empréstito aumentó notoriamente la deuda pública municipal, tanto que en 2003 se aseguraba que representaba más del 50 % del monto total (unos 71 millones) y que sólo se habían logrado cancelar intereses y 1 millón de dólares de capital. En ese momento, pesificando el monto, se hablaba de 38,5 millones, a lo que se sumaba un crédito del Banco de Entre Ríos, adquirido en 1999 para atender también el derrumbe, con un monto pendiente de pago de más de 8,2 millones de pesos. Así, en total, se hablaba de 46 millones de pesos insumidos por el Municipal. Esa suma sería cercana a la que hoy día debe el residual a la Comuna, aunque no fue posible corroborar oficialmente la actualización del número. Ahora bien, el proceso de liquidación arrancó con “unos 38 millones de dólares a cobrar”, según un alto ex funcionario solanista del banco y actual referente en el Gobierno. El problema, según este ex directivo, fueron “las deficiencias” en el proceso de liquidación. El hombre apuntaba directamente a los representantes que nombró el radicalismo al frente del residual desde fines de 1995 a 2003. AGONÍA Desde la caída de la entidad, la liquidación –una tarea que se anunciaba no tan compleja– ha tenido hasta ahora cinco titulares (ver recuadro), un sinnúmero de anuncios de cierre definitivo y cruces de denuncias, algunas de las cuales han llegado a la justicia. “Si se me pregunta cuándo va a finalizar la liquidación o qué se podría hacer para terminarla, digo que se podrían hacer cosas, no sé sin son buenas o malas”, dijo Gaut al referirse al proceso. Para el funcionario, la decisión de dar fin en el corto plazo a la extensa agonía es de índole política, aunque antepuso reparos por las consecuencias que acarrearía un cierre definitivo en el futuro inmediato para la Comuna. Y explicó: “El principal –no el único– acreedor del Banco Municipal es la misma Municipalidad. Se podría hacer una cesión de créditos general y transferirle al Municipio un montón de créditos judicializados. Pero qué pasa, no le estoy transfiriendo dinero, le estoy transfiriendo juicios. El municipio lo que en realidad va recibir es un problema, va a tener que utilizar la ya agotada fiscalía, con muy pocos abogados, para atender 350 juicios más. Y en algunos de esos juicios no está claro el derecho, es decir que puede perder y de perder va a tener que pagar costas. Entonces, no sería a mi criterio la solución más conveniente, sí la más rápida. Pero no es la mejor, porque le estaría transfiriendo problemas al Municipio, no dinero líquido”. Para Gaut, la salida más saludable es seguir con la liquidación e ir, en la medida de lo posible, achicando la deuda con la Comuna. Aunque el funcionario reiteró: “Lo que resta liquidar, no paga lo que le debemos al Municipio”. Con ese panorama, calificó de “imprudente” los anuncios de sucesivas fechas de cierre de la liquidación realizados por funcionarios municipales. Por ejemplo, en 2004, al comenzar la actual gestión, el intendente Solanas había pronosticado la conclusión definitiva para junio de ese año. Pasó esa y otras fechas y ahora será tema de la próxima gestión de gobierno.





