
El presidente de Siria, Ahmed al Shara, mantuvo este lunes una conversación telefónica con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump; según la Presidencia siria, ambos coincidieron en defender los derechos de la minoría kurda y en la necesidad de intensificar la cooperación contra Estado Islámico.
Según el comunicado oficial, los mandatarios trataron la situación de seguridad en Siria tras los combates de los últimos días y reafirmaron su respaldo a la unidad del país y a la lucha contra el terrorismo. El intercambio se produjo a pesar de la vigencia de un alto el fuego anunciado durante el fin de semana, cuya aplicación ha sido irregular sobre el terreno.
Ambas partes subrayaron la “importancia de preservar la integridad territorial y la independencia de Siria”, y respaldaron los esfuerzos destinados a la estabilidad política y de seguridad. Washington y Damasco también coincidieron en la necesidad de avanzar en una agenda común que reduzca el riesgo de reaparición de células yihadistas en zonas disputadas.
Uno de los ejes centrales fue la situación del pueblo kurdo. Según la Presidencia siria, Al Shara y Trump enfatizaron la obligación de garantizar los derechos y la protección de la población kurda “en el marco del Estado sirio”, un asunto especialmente delicado en el noreste del país, donde actúan fuerzas locales con un amplio grado de autonomía de facto.
En ese marco, los líderes acordaron mantener la cooperación para combatir a Estado Islámico y neutralizar sus amenazas. El grupo yihadista, derrotado territorialmente en 2019, conserva capacidad operativa residual en zonas desérticas y ha reivindicado ataques esporádicos contra fuerzas locales y civiles.
La conversación incluyó además un intercambio más amplio sobre asuntos regionales. Los mandatarios manifestaron una “aspiración compartida” de avanzar hacia una Siria “fuerte y unificada”, capaz de afrontar desafíos internos y presiones externas, y de inaugurar una nueva etapa orientada a la reconstrucción y la estabilidad.
El contacto político se da en paralelo a la negociación de los términos de un acuerdo anunciado tras el alto el fuego. Esos términos contemplan que, a cambio del cese inmediato de la ofensiva del Ejército sirio en el noreste, la Administración Autónoma del Norte y del Este de Siria (AANES) y las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) reconozcan la transferencia administrativa y militar de las gobernaciones de Deir Ezzor y Raqqa al Gobierno central.
El acuerdo prevé además integrar todas las instituciones civiles de la gobernación de Hasaka en las estructuras administrativas del Estado sirio, un paso destinado a normalizar la gobernanza y reducir la fragmentación institucional que persiste desde el inicio del conflicto.
Estos compromisos, de concretarse, implicarían una reconfiguración importante del control territorial en el noreste, una región estratégica por sus recursos energéticos y agrícolas y por su papel en la contención de remanentes de Estado Islámico. La viabilidad del proceso dependerá de la aplicación efectiva del alto el fuego y de la capacidad de las partes para traducir los acuerdos políticos en mecanismos de seguridad y administración estables, en un escenario aún marcado por desconfianzas, presiones regionales y la persistencia de amenazas armadas.




