Sábado, 24 de enero de 2026   |   Internacionales

Descubren en Roma santuario de Hércules de 2.400 años: hallazgo impulsa diálogo cultural entre Argentina e Italia

Bajo el suelo del Parco delle Acacie, arqueólogos hallaron un templo que aporta pruebas sobre su veneración, la sofisticación de la ingeniería y prácticas funerarias durante la época republicana romana
Descubren en Roma santuario de Hércules de 2.400 años: hallazgo impulsa diálogo cultural entre Argentina e Italia

Un equipo de arqueólogos ha sacado a la luz uno de los hallazgos más relevantes de las últimas décadas en las afueras de Roma. Bajo capas de tierra y cemento, en el barrio de Pietralata, ha emergido un conjunto monumental durante las excavaciones preventivas en el Parco delle Acacie, en el sector oriental de la ciudad.

En el centro del hallazgo se encuentra un santuario dedicado a Hércules, de unos 2.400 años de antigüedad, acompañado por tumbas aristocráticas de la época republicana y por dos cisternas gigantescas cuya función todavía desconcierta a los especialistas.

El núcleo del yacimiento es un pequeño sacellum, es decir, un santuario de planta cuadrangular de 4,5 por 5,5 metros, construido en toba volcánica. Este espacio sagrado conserva restos de estuco en sus paredes y, en el centro, los arqueólogos localizaron un pedestal de toba recubierto de yeso blanco, identificado como el altar original. Una repisa en el muro posterior habría sostenido en su día la estatua de culto.

Los materiales recuperados refuerzan la identificación del sitio con el culto a Hércules, el hijo de Zeus adaptado por los romanos como símbolo de virtud y protector de caminos. “El depósito votivo hallado bajo el templo, que incluye figurillas femeninas, cabezas, pies, pequeños bueyes de terracota y monedas de bronce, sitúa la construcción del santuario entre finales del siglo III y el II a.C.”, explicó un vocero del Ministerio de Cultura de Italia en declaraciones recogidas por National Geographic.

La relevancia de Hércules en la zona está vinculada a su veneración a lo largo de la Vía Tiburtina, una arteria clave en la expansión de Roma. Aunque no se han recuperado estatuillas de bronce del héroe, los indicios materiales son suficientes para los expertos. “Su presencia en este sector evidencia una red cultural y religiosa mucho más extensa de lo que se pensaba”, afirmó la arqueóloga principal del equipo.

Junto al santuario, los investigadores identificaron un complejo funerario excavado en la roca de toba, compuesto por dos tumbas monumentales de cámara pertenecientes al periodo republicano.

La denominada Tumba A, datada entre los siglos IV y III a.C., destaca por su imponente portal de piedra y el sello de una losa monolítica. Dentro, se hallaron un gran sarcófago, tres urnas de peperino y objetos de ajuar como una copa de barniz negro, una jarra cerámica y un espejo.

La Tumba B, algo posterior (siglo III a.C.), fue construida con grandes bloques de toba y disponía de bancos laterales para la deposición de varios cuerpos. En ella, los arqueólogos hallaron parte del cráneo de un adulto con signos claros de trepanación quirúrgica. Este procedimiento, de alta complejidad, revela conocimientos médicos avanzados para la época.

“El cráneo trepanado es una prueba de la sofisticación médica que alcanzaron algunas familias romanas”, señaló la antropóloga forense del proyecto.

Ambas tumbas, originalmente adornadas con fachadas monumentales, pertenecieron probablemente a una gens aristocrática con gran influencia en la zona. Su localización cerca del santuario sugiere vínculos entre el culto y la élite local, reforzando la hipótesis de una comunidad cohesionada por la religión y el linaje.

El hallazgo se completa con dos cisternas de dimensiones colosales, cuya función sigue suscitando debate. La llamada Vasca Este, de 28 metros de largo por diez de ancho y 2,1 de profundidad, fue construida en el siglo II a.C. con muros de opus incertum recubiertos de yeso blanco. Presenta nichos abovedados en los laterales y un dolium -gran recipiente de almacenamiento- incrustado en el suelo.

Por su parte, la Vasca Sur impresiona por su profundidad: cuatro metros excavados directamente en la roca y una superficie de 21 por 9,2 metros. El acceso, a través de una rampa de bloques de basalto y hormigón, recuerda a otras cisternas rituales halladas en lugares como Gabii. Investigadores sugieren una posible función sagrada para estas estructuras, aunque aún no hay consenso.

Ambas muestran señales de abandono entre los siglos I y II d.C., pero su finalidad original continúa siendo un misterio. Lo cierto es que la magnitud y el diseño de estas cisternas reflejan la capacidad técnica y la visión de los antiguos ingenieros romanos.

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