Domingo, 25 de enero de 2026   |   Internacionales

Denuncian que represión en Irán dejó al menos 30.000 muertos en dos días, según funcionarios de salud locales

Oficiales del Ministerio de Salud iraní revelaron que la escala de la matanza el 8 y 9 de enero fue tal que agotó las bolsas para cadáveres y obligó a usar camiones de 18 ruedas para trasladar los cuerpos. La mortalidad en un período tan breve no tiene precedentes modernos
Denuncian que represión en Irán dejó al menos 30.000 muertos en dos días, según funcionarios de salud locales

La violencia desatada en las recientes protestas en Irán alcanzó una magnitud sin precedentes: hay informes que indican que el número de muertos podría ser hasta diez veces superior al admitido oficialmente por el gobierno.

Según un informe de la revista TIME, que cita a dos funcionarios de alto rango del Ministerio de Salud de Irán, hasta 30.000 personas podrían haber muerto en enfrentamientos callejeros únicamente durante los días 8 y 9 de enero. De confirmarse, estas cifras representarían una de las represiones estatales más sangrientas de la historia moderna, superando con creces el recuento de 3.117 fallecidos anunciado el pasado 21 de enero por sectores de línea dura vinculados al Líder Supremo, Alí Khamenei.

Los funcionarios dijeron a TIME que la magnitud de la matanza cometida por los servicios de seguridad ese jueves y viernes fue tal que “abrumó la capacidad del Estado para disponer de los muertos”. Según los testimonios recabados, las bolsas para cadáveres se agotaron rápidamente, lo que obligó a reemplazar ambulancias por semirremolques de 18 ruedas para trasladar los cuerpos.

La distancia entre la narrativa pública del régimen y los datos internos del Ministerio de Salud es enorme. Mientras los conteos oficiales del régimen se mantienen en poco más de 3.000 víctimas, los grupos de derechos humanos han tenido dificultades para documentar toda la violencia debido al apagón informativo impuesto por el gobierno.

La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Estados Unidos, informó que hasta el sábado había confirmado 5.459 muertes y que investigaba otros 17.031 casos. No obstante, los datos filtrados desde el propio Ministerio de Salud sugieren que incluso esas estimaciones externas podrían quedarse cortas.

El Dr. Amir Parasta, cirujano ocular germano-iraní que ha recopilado información de hospitales y socorristas, afirmó que su conteo clandestino registraba 30.304 muertes hasta el viernes. Parasta advirtió que esas cifras no incluyen los decesos registrados en hospitales militares, cuyos cuerpos suelen ser trasladados directamente a las morgues sin pasar por los registros civiles.

“Nos estamos acercando a la realidad”, declaró el Dr. Parasta a la revista. “Pero supongo que las cifras reales son aún mucho más altas”.

La divulgación de estos números coincide con relatos escalofriantes del personal médico que atendió la emergencia en la capital. Un cirujano de un hospital de Teherán describió cómo, tras el apagón informativo iniciado a las 8:00 p.m. del 8 de enero, los centros médicos pasaron de atender heridas leves por perdigones a recibir cientos de pacientes con impactos de munición real de alto calibre, diseñados para atravesar el cuerpo. Los enfermos llegaban más rápido de lo que hospitales y clínicas podían tratarlos, contó.

Expertos en epidemiología de conflictos se mostraron atónitos por la rapidez y el volumen de muertes registradas en apenas 48 horas. Les Roberts, profesor de la Universidad de Columbia y especialista en mortalidad por violencia, señaló a TIME que la mayoría de los picos de mortalidad en zonas de guerra como Alepo o Faluya suelen estar vinculados al uso de explosivos.

En contraste, la represión en Irán se ha caracterizado por el empleo de fuego directo contra multitudes. La única comparación histórica de tal magnitud de ejecuciones por disparos en tan breve lapso, según bases de datos consultadas, remite a la masacre de Babyn Yar en 1941, cuando escuadrones nazis ejecutaron a 33.000 judíos en Ucrania.

El giro hacia tácticas letales se produjo durante el fin de semana del 8 de enero. Tras una semana de protestas que comenzaron el 28 de diciembre exigiendo alivio económico y el fin del régimen islámico, las autoridades endurecieron la respuesta. Testigos y videos de teléfonos móviles que lograron sortear el bloqueo de internet mostraron el despliegue de francotiradores en azoteas y camiones equipados con ametralladoras pesadas.

Un oficial del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) advirtió en la televisión estatal el 9 de enero que quien se aventurara a las calles asumía el riesgo total: “si… una bala te golpea, no te quejes”.

A pesar del bloqueo de comunicaciones y del uso de tecnología satelital como Starlink para enviar información al exterior, comenzaron a aflorar las historias de las víctimas.

En Isfahán, Sahba Rashtian, una joven animadora de 23 años, murió tras ser alcanzada por disparos el 9 de enero, antes de que empezaran los cánticos de protesta. Un amigo contó a TIME que Rashtian solía bromear sobre su nombre: “Sahba significa vino, y yo estoy prohibida en la República Islámica”.

Durante su funeral, en el que se prohibieron los ritos religiosos, su padre asistió vestido de blanco en señal de honor. “Felicitaciones”, dijo el hombre a los presentes. “Mi hija se convirtió en mártir en el camino a la libertad”.

El Consejo de Seguridad Nacional de Irán reconoció que las protestas se extendieron por aproximadamente 4.000 ubicaciones en todo el país. La magnitud de la represión sugiere que el régimen interpreta el levantamiento como una amenaza existencial comparable a la Revolución de 1979 que lo llevó al poder.

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