
El cambio de gobierno en Venezuela y la inestabilidad en Irán han dejado al mundo ante un panorama de incertidumbre respecto de los precios del petróleo. Por ello, resulta pertinente analizar la evolución histórica de esos valores para incorporar elementos precisos en las estimaciones sobre el futuro de los mercados de granos y sus subproductos. En esa tarea, es fundamental emplear la correlación estadística entre el crudo y los productos agrícolas.
La correlación estadística mide la intensidad y el sentido de la relación entre dos variables; indica si tienden a variar conjuntamente y de qué manera. Es un valor numérico que oscila entre -1 y 1: 1 significa que si una variable sube la otra lo hace en la misma proporción; 0 señala ausencia de relación; y -1 una relación inversa perfecta.
Desde comienzos de este siglo, la interdependencia entre el petróleo y los granos se intensificó. Se generalizó y profundizó la producción de energías renovables a partir de materias primas vegetales, sobre todo en economías de peso como Estados Unidos, la Unión Europea y China. De ese modo, el maíz comenzó a destinarse a la producción de bioetanol y la soja al biodiésel.
Esa correlación es históricamente positiva, lo que implica que ambos mercados tienden a moverse en la misma dirección. No obstante, la intensidad de la relación ha evolucionado y se fortaleció de manera notable desde 2007, por la creciente integración entre los mercados energéticos y agrícolas.
Conviene aclarar que la correlación no es perfecta ni constante. Factores como el clima, las tensiones comerciales o los cambios en las políticas públicas pueden romper esa relación en el corto plazo. Además, la cuestión no se limita al precio, sino también a la demanda: el avance de políticas para mitigar el cambio climático promueve un uso más intensivo de biocombustibles en detrimento del consumo de combustibles fósiles.
Soja REUTERS/Marcos Brindicci/File Photo
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Al tomar el caso de la soja, por ejemplo, tras el auge del biodiésel en 2005 la cotización del petróleo empezó a influir con fuerza en esta oleaginosa, particularmente a través de su derivado, el aceite. La correlación entre los precios del crudo y la soja se estrechó considerablemente: para el aceite de soja pasó de 0.10 a 0.80, mientras que para el poroto de soja subió de 0.30 a 0.80. Así, cuando el precio del crudo aumenta, el biodiésel se vuelve más rentable, lo que eleva la demanda de aceite de soja y arrastra al alza el valor del poroto, y viceversa.
Otro factor relevante son los costos de producción. Aunque una suba en el precio del crudo suele elevar el precio de los granos, también incrementa los costos operativos del agro. En sentido contrario, si los valores del petróleo disminuyen, la rentabilidad del campo no necesariamente cae, pues muchos insumos clave —como fertilizantes y combustibles— tienden a abaratarse.
Respecto de las expectativas para este 2026, las proyecciones muestran una tendencia descendente en los precios. Se estima un exceso de oferta mundial de crudo, por lo que, a la luz de la correlación mencionada, debería registrarse una baja en los valores de los granos. Sin embargo, el escenario sigue abierto: los imprevistos geopolíticos y climáticos son tales que el abanico de posibilidades continúa siendo amplio. No está todo dicho.
El autor es docente y economista




