El jurado integrado por Héctor Vilarrodona, Raúl Herzovich y Jorge Barbagelata, emitió sentencia condenatoria porque entendió que los imputados cometieron el delito de Robo calificado por el uso de arma de fuego apta para el disparo en grado de tentativa y Privación ilegítima de la libertad agravada en concurso ideal. Así, condenó a Rodríguez a siete años y seis meses de prisión y a Vallejos a seis años y siete meses. Ambos fueron trasladados nuevamente a la Unidad Penal Nº 1, donde terminarán de cumplir la condena, puesto que ya llevan un año y cinco meses presos. Sin dudas acerca de la autoría del hecho el debate se centró en el encuadre legal del grave incidente ocurrido en Maciá y Tratado del Pilar, frente al Hipódromo. El día de los alegatos la fiscal de Cámara Cecilia Goyeneche consideró que se los debía condenar por el delito de Robo calificado por el uso de arma de fuego idónea en concurso ideal con privación ilegítima de la libertad; en tanto que Marcos Rodríguez Allende, defensor de Rodríguez, solicitó que se lo condenara por el delito de Robo calificado en grado de tentativa en concurso ideal por Privación ilegítima de la libertad. Por último, Héctor Bergara, que representó los intereses de Vallejos, solicitó que se le aplicara la mínima establecida en la figura de Robo calificado en grado de tentativa. El hechoEn lo que fue la primera etapa del hecho ocurrido el 21 de marzo de 2007 aproximadamente las 8.30, Rodríguez y Vallejos ingresaron al local comercial La Casa del Oxígeno encapuchados y armados con un revólver Smith & Wesson calibre 38 Special, cromado, sin numeración visible, y una pistola Pietro Beretta calibre 22 largo respectivamente. Según declararon los dependientes de la firma, que junto a dos empelados de la fábrica Coceramic fueron rehenes en el incidente, los asaltantes ingresaron al grito de “esto es un asalto, que se tiren todos al piso”. Luego procedieron a reducir a Pablo Aguerrevengoa, Andrea Traversaro, Mariano Sukmanowski, Carlos Lencina, Tomás Maydana y Renzo Olguín en el baño del local hasta que se percataron de que estaban cercados por la Policía.En lo que se consideró una segunda etapa del grave incidente, los imputados tomaron a los empleados y clientes de rehenes y trataron de negociar la huida del lugar. Después de tensas horas de negociación con efectivos entrenados en ese tipo de situación, ambos depusieron su actitud y se entregaron a las fuerzas del orden. En el debate quedaron explícitas las situaciones extremas que padecieron los rehenes, a los que continuamente se redujo y mantuvo prisioneros a punta de pistola. Además, varios testigos recordaron cómo Rodríguez, al que señalaron como la voz cantante del hecho y el que daba las órdenes, le martillaba el arma en la cabeza al circunstancial escudo humano que elegía para negociar su libertad con la Policía. Incluso a dos le pasó una cadena por el cuello, que aseguró con un candado.MisterioEl destino del dinero que le fue sustraído a los empleados cuando entregaron a los asaltantes sus billeteras y el dinero, que aunque no fue determinada con certeza la cantidad se comprobó que había en la caja registradora del local, seguirá siendo un misterio.El esfuerzo del tribunal y la fiscal para obtener un testimonio que posibilitara arribar a una certeza al respecto se topó con testigos que poco o nada pudieron observar en ese sentido puesto que el lugar que ocuparon en el hecho no les dio oportunidad para aportar una pista firme. Incluso el testimonio de los negociadores de la Policía fue pobre, puesto que señalaron, que estaban muy atentos a la negociación con Rodríguez para arribar a un final sin hechos más graves que lamentar. (Diario UNO)


