
El calor extremo y el viento persistente convirtieron este verano en la Patagonia en una pesadilla que parece no tener fin. En medio del avance imparable de los clima-verano-vino-con-temperaturas-atipicas.phtml">incendios forestales que devoran miles de hectáreas, asoma una pequeña esperanza. Según el pronóstico meteorológico, en las próximas horas y durante el día de mañana se esperan lluvias que podrían significar el alivio tan esperado por brigadistas y poblaciones afectadas. No obstante, ese alivio no está garantizado y la lucha sigue en curso.
Desde principios de enero, los incendios forestales golpearon con fuerza a distintas zonas del sur del país. Chubut y Río Negro fueron los epicentros de una crisis que, hasta el momento, ya arrasó con más de 35.000 hectáreas en la Comarca Andina, un territorio que alberga bosques nativos, montañas y una biodiversidad singular. El fuego se reavivó en varias oportunidades, impulsado por la ola de calor y las fuertes ráfagas de viento, y la situación llegó a ser tan crítica que localidades como Cholila y Trevelin permanecen bajo amenaza constante.

El incendio que comenzó el 5 de enero en Puerto Patriada y el 9 de diciembre en el Parque Nacional Los Alerces fueron los más devastadores. Los intentos por controlar las llamas fueron continuos, pero el verano, con temperaturas cercanas a los 35°C y un ambiente extremadamente seco, convirtió la tarea en un desafío diario para los más de 500 brigadistas y equipos de voluntarios que trabajan sin descanso.
Calor extremo y vientos traicioneros
A día de hoy, la situación sigue siendo tan crítica como la de hace una semana. Las elevadas temperaturas, junto con una humedad que ronda el 30%, continúan alimentando el avance del fuego. El viento, con ráfagas de hasta 40 km/h, cambia de dirección con frecuencia, lo que hace casi imposible predecir el comportamiento del fuego. Es una verdadera carrera contra el reloj.
El clima se transformó en uno de los principales enemigos de los brigadistas, que en algunos sectores debieron replegarse para evitar tragedias. En las últimas horas, se reavivaron focos en el Cerro Riscoso y la Quebrada del León, dentro del Parque Nacional Los Alerces, por lo que las autoridades reforzaron las medidas de seguridad para proteger tanto a los equipos de fuego como a la población.


Hay, sin embargo, una luz al final del túnel. Para los próximos días se espera un cambio importante en las condiciones meteorológicas que podría colaborar en el combate del fuego. Según el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), se anticipan lluvias débiles a moderadas a partir de la tarde de este martes 27 de enero, con una probabilidad de precipitación que aumentará hacia la noche, alcanzando un 80% entre las 19:00 y las 20:00 horas.
Para mañana, miércoles 28 de enero, las expectativas son aún mejores: la lluvia será constante durante las primeras horas del día, con una probabilidad de 90% a las 5:00 a.m. y acumulados estimados de 4 mm. Este cambio podría ser un punto de inflexión al bajar la temperatura del suelo y aumentar la humedad de los materiales inflamables, ofreciendo así un respiro a los brigadistas que intentan frenar la propagación del fuego.
Aunque el viento podría perder intensidad hacia la tarde, las precipitaciones de las primeras horas serán clave para enfriar las zonas más calientes y ralentizar la velocidad de avance de las llamas, proporcionando más tiempo para que los equipos de emergencia actúen.
La importancia de las lluvias
El pronóstico representa una esperanza no solo para los brigadistas, sino también para los vecinos de las áreas más afectadas. Las lluvias ayudan a reducir la temperatura de los focos activos y, además, humedecen el terreno, lo que dificulta la propagación de las llamas. El trabajo conjunto de bomberos, autoridades y voluntarios podría verse reforzado por estas precipitaciones, aunque la situación sigue siendo delicada y volátil.

Más allá del clima, la región patagónica enfrenta una crisis de fondo: la falta de recursos y de políticas públicas adecuadas para enfrentar los incendios. El avance del fuego se vio agravado por el cambio climático, con veranos cada vez más cálidos y secos, y con un sistema de prevención y combate que sufre desfinanciamiento y déficit de personal.
Si bien la lluvia es ahora una aliada fundamental, la situación sigue siendo incierta. Los incendios forestales de sexta generación, como los que afectan a la Patagonia, no solo devastan ecosistemas y miles de hectáreas de bosques, sino que generan fenómenos meteorológicos propios, con vientos y corrientes de aire difíciles de controlar.
Además, la crisis social y económica de las zonas afectadas es otra preocupación que persiste. La agricultura, el turismo y la vida cotidiana de las comunidades patagónicas sufren un fuerte impacto, mientras las autoridades locales y los gobernadores de la región insisten en la necesidad de una ley de emergencia ígnea que permita destinar más recursos al combate del fuego y a la recuperación de las áreas devastadas.

Más allá del fuego: la Patagonia resiste
Mientras se acercan las lluvias, tan necesarias como esperadas, la Patagonia continúa resistiendo. Cada brigadista, cada voluntario y cada habitante de la región demuestran la fortaleza de un territorio que no se rinde ante la adversidad. Y aunque la lucha contra el fuego no termine con las precipitaciones, estas gotas de esperanza podrían ser decisivas para ganar una batalla que hasta ahora parece interminable.
LB/DCQ




