Miércoles, 21 de mayo de 2025   |   Nacionales

Caída en la participación electoral: un claro aviso para oficialismo y oposición ante el desinterés ciudadano en Buenos Aires y otras provincias

La baja concurrencia a las urnas superó por mucho las marcas anteriores en la Ciudad de Buenas Aires. Y se produjo después de registros pobres en otras cinco provincias. Expone una mezcla de desinterés por los adelantos de comicios y malestar amplio con el juego de poder
Caída en la participación electoral: un claro aviso para oficialismo y oposición ante el desinterés ciudadano en Buenos Aires y otras provincias

La elección en la Ciudad de Buenos Aires tuvo un impacto notable por varias razones: el triunfo del candidato de Javier Milei, el revés sufrido por el macrismo y el desconcierto del peronismo/K, que se sentía en una posición ganadora tras casi dos décadas de dominio amarillo en el distrito, además de la pobre cosecha de otras catorce listas. Este contexto político podría haber suscitado un alto interés en participar en la votación. Sin embargo, ocurrió lo contrario. No se trató de un hecho aislado en el “distrito-vidriera” del país, sino de la confirmación de una tendencia, al menos en el marco de los comicios anticipados que preceden a la disputa nacional de octubre.

Nadie con sentido común puede ofrecer una única explicación para estos niveles de ausentismo ni proyectar de manera lineal lo que sucederá en el futuro electoral. No obstante, lo que ocurrió no fue un evento aislado. Existen, sin duda, otras señales, como las convocatorias discretas a los actos de campaña, ya sea con o sin la presencia de figuras nacionales de la oposición y del oficialismo, incluido el propio Presidente. Este fenómeno es un tema de análisis para los consultores políticos, quienes también enfrentan un dato relevante en su trabajo: el desinterés por responder encuestas, probablemente porque este tipo de relevamientos está estrechamente relacionado con la política y las campañas. Se trata de un registro persistente.

En la evaluación de la notable dimensión del ausentismo en la Ciudad de Buenos Aires surge una discusión sobre la precisión estadística, que se refiere a cómo se analizan los números de votantes en relación con el crecimiento del padrón en distintas etapas. Sin embargo, esto no opaca la magnitud de la baja participación, evidente para cualquier porteño que asistió a votar el domingo pasado. No se observaron largas colas, independientemente del sistema utilizado, en este caso solo con Boleta Única Electrónica.

La tendencia estadística en el distrito muestra que el nivel más bajo de participación desde el retorno a la democracia se registró en 2003, durante las repercusiones de la crisis de 2001 y el consiguiente debilitamiento de los partidos. En aquella ocasión, la asistencia alcanzó cerca del 70%. Exceptuando algunos picos en elecciones presidenciales, se considera que el piso de participación suele situarse entre el 80% y el 85%. En la votación del domingo pasado, el registro fue del 53,3%.

Este dato es significativo no solo por el peso de la Ciudad como distrito electoral —el cuarto en la tabla nacional— y su rol como vitrina política nacional, sino porque se suma a una serie de señales semejantes en las cinco elecciones anteriores: Santa Fe (55% de participación), Chaco (52%), Salta (58%), Salta (60%) y Jujuy (63%).

Parece claro para los políticos y consultores que el desánimo electoral incluye el tipo de convocatoria como un elemento destacado. En casi todos los casos, se trató de elecciones para cubrir bancas en las legislaturas provinciales. La competencia en Santa Fe, en abril, fue por convencionales constituyentes, con un efecto similar y un anticipo de lo que ocurrió en mayo. Además, cabe mencionar que la sanción legal por no asistir a votar es formal desde hace tiempo, y rara vez se destaca en la información oficial.

Cabe señalar un dato contradictorio o paradójico en la elección porteña. A pesar de ser una elección legislativa local —considerada irrelevante según la lógica mencionada—, lo destacado fue que el tema de la gestión quedó relegado y la disputa adquirió un tono nacional, a diferencia del conjunto de las cinco elecciones anteriores.

El clima estuvo marcado por el quiebre entre Milei y Mauricio Macri, dejando en segundo plano el enfrentamiento con Leandro Santoro, quien buscó disimular su vinculación con el kirchnerismo y el peronismo. También se puede especular que este mismo aspecto podría haber reducido el interés de los más comprometidos con la política, mientras que una franja significativa expresó su cansancio general con la política, manifestado en el “no voto”, al tiempo que Milei se dedicaba a descalificar a sus rivales, economistas y medios de comunicación.

Por supuesto, se suma a esto la fragmentación política que se refleja en la abrumadora oferta electoral. Con diecisiete listas, esto debería considerar dos perspectivas: resta peso a la idea de que “todos son lo mismo” —al contrario, había candidatos para una amplia variedad de gustos ideológicos— y fomenta la reflexión de que, en lugar de una convocatoria diversa y atractiva, se presenta como un motivo de desaliento ante la división opositora nacional para hacer frente a Milei.

Estas consideraciones podrían ser atribuibles casi en exclusiva al espectro no mileista. Al mismo tiempo, emergen señales preocupantes para los analistas políticos del oficialismo. El triunfo en el distrito amarillo fue impactante, pero también es evidente que el 30% logrado por Manuel Adorni —fruto de una campaña en la que Milei y el gobierno fueron los protagonistas— está lejos de los niveles de aprobación que exhibe el Presidente en la mayoría de las encuestas sobre la imagen de los políticos.

Sin embargo, esas evaluaciones, mantenidas después de un año y medio de gestión, no habrían sido suficientes para generar entusiasmo y buenos niveles de participación en una elección nacionalizada. “Es la diferencia entre conveniencia y pasión”, señala un consultor experimentado, quien también anticipa un posible éxito del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires, cuando llegue el momento de las elecciones desdobladas.

Surge otro interrogante relacionado con lo que se ha denominado el “fenómeno Milei”. El triunfo libertario de 2023 no solo canalizó el rechazo hacia la gestión de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, sino que evidenció una condena extendida hacia la “casta” como sinónimo de “la” política. En el caso de la elección porteña, la notable caída en la asistencia electoral parece extenderse también al Presidente, evidenciando un creciente cansancio o malestar respecto al ejercicio político y el poder.

La convocatoria a elecciones locales anticipadas está en marcha, y surgen miradas y cálculos internos. Existen reproches en el PRO por esta situación en la Ciudad, y la tensión en el peronismo bonaerense resurge, marcada por la ruptura entre Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof. Falta mucho para el primer domingo de octubre, pero los resultados porteños están influyendo en el presente.

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