POSADAS, Misiones.- Un fenómeno económico y social no deja de crecer en Misiones: la semana pasada se difundieron imágenes impactantes de largas filas de jóvenes misioneros esperando para cruzar la frontera en balsa por el río Uruguay y buscar trabajo en Brasil como peones rurales.
Este éxodo comenzó a intensificarse durante el gobierno anterior, impulsado por la conveniencia de cobrar en reales por la brecha cambiaria, y se profundizó con el actual Gobierno debido a la crisis que atraviesan las distintas economías regionales de Misiones, lo que provocó una notable caída del empleo.
Intendentes, referentes de la producción, vecinos y trabajadores consultados por LA NACION coinciden: nunca antes en la historia de la provincia se había visto un éxodo de misioneros hacia Brasil en busca de trabajo tan masivo.
Jóvenes bajan de un micro procedente de distintas localidades para cruzar por San Javier
Mes a mes, el fenómeno produce imágenes que asombran incluso a quienes han vivido toda la vida en la costa del río.
Las imágenes difundidas en redes la semana pasada no tienen precedentes: largas colas de jóvenes, en su mayoría hombres, aguardando para realizar Migraciones y cruzar en balsa por San Javier hacia la vecina San Xavier, o por Alba Posse hacia Porto Mauá.
El destino es el mismo: trabajar en las cosechas, sobre todo de uva y manzana, que atraviesan su mayor actividad en Rio Grande do Sul.
Los intendentes de las localidades fronterizas con Brasil en Misiones, como Bruno Beck (Andresito), Fausto Rojas (San Antonio), Matías Vilchez (San Javier) o Lucas Gerhardt (Alba Posse), Cali Goring (Colonia Aurora), varios de los cuales hablaron con LA NACION, coinciden: el gran motor es la falta de trabajo.
Para Cristian Castro, diputado provincial por el PAYS [Partido Agrario y Social] y vecino de San Javier, ahora también cruzan personas que tienen trabajo pero cobran poco y no les alcanza.
En Alba Posse, jóvenes y no tan jóvenes cruzan con valijas, pero no para hacer turismo
“Todas las mañanas paso cerca del puerto y veo a los chicos que van a la cosecha, pero este año el volumen es grande, todo el tiempo y todos los días, en temporadas anteriores eran días puntuales, los viernes por ejemplo”, dice Castro, quien reside en la fronteriza San Javier.
Allí, el caudaloso río Uruguay, que corre con un ancho de menos de 1000 metros, se cruza en 10 minutos, en una potente balsa que también cruza automóviles.
Cola para realizar los trámites migratorios del lado argentino
“Acerqué a unos chicos con el auto y les pregunté si habían votado a Milei. Todos me dijeron que sí. Lo que me sorprendió, con los seis chicos que hablé, es que todos tenían trabajo, dos eran empleados de comercio y los otros cuatro trabajan en la yerba, esto demuestra la crisis de la chacra, de la yerba”, señala Castro.
Castro habló con esos seis muchachos, oriundos de Apóstoles y Aristóbulo del Valle, de entre 20 y 24 años; le contaron que irán a trabajar a Caxias. La mayoría nunca había trabajado en Brasil; en un video se los ve sonrientes y con expectativas. Casi todos visten shorts, ojotas y llevan poca ropa.
Además de San Javier, otras localidades fronterizas donde se cruza el Uruguay en balsa son Alba Posse-Porto Mauá y El Soberbio-Porto Soberbo.
Un grupo de jóvenes espera la balsa para cruzar; las travesías se realizan cada una o dos horas, según el momento del día.
También se puede cruzar a Brasil por la frontera seca (Bernardo de Irigoyen-Cerqueira o San Antonio-Santo Antonio). En Andresito se cruza a Capanema por un puente.
El 11 de diciembre pasado, LA NACION publicó un informe sobre este dramático éxodo que, por primera vez, también alcanza a familias enteras que se van a vivir y trabajar a estados como Río Grande o Santa Catarina, linderos con Misiones y entre los más elegidos. Aunque también hay misioneros yendo a Paraná, que también limita con esta provincia, o incluso a Mato Grosso.
Si bien el cruce para trabajar al otro lado siempre existió, solía ser limitado y, por lo general, motivado por la cuestión cambiaria: el dinero ganado en Brasil en reales rendía mucho más en la Argentina, especialmente en temporadas de brecha cambiaria.
En rigor, la eliminación del cepo y la unificación cambiaria golpearon con fuerza a la economía de Misiones, que tiene un 90 por ciento de su territorio lindante con Brasil o Paraguay, que hasta hace poco aportaban miles de compradores, consumidores y turistas. Hoy es al revés: los argentinos cruzan a comprar.
Misioneros van a trabajar a Brasil en la cosecha de diversos productos
Según algunos intendentes, también afectó mucho en Misiones la revocación de muchas pensiones por invalidez, que le servían a familias de bajos recursos para tener algo con lo que afrontar el momento. “El Gobierno dio de baja muchas pensiones que al menos le servían a las familias más pobres para defenderse, para tener algo”, indica a LA NACION Cali Goering, el único de los 78 intendentes de Misiones que no es del oficialista Frente Renovador de la Concordia.
Misiones perdió unos 10.000 puestos de trabajo en blanco del sector privado en el primer año del Gobierno de Javier Milei, y solamente se pudo recuperar la mitad de esos puestos, según trascendió. Pero, además, se considera que la yerba mate, el té, la forestoindustria, los cítricos o la mandioca, la construcción y el comercio están en crisis, con cierres de empresas y sin generación de nuevos empleos.
Un joven de Aristóbulo cruza junto a otros cinco muchachos para ir a trabajar a Caxias
El turismo también se ve afectado por el atraso cambiario y muchos argentinos incluso prefieren dormir en Foz de Iguazú, por encontrar allí hoteles mucho más baratos.
Un dato para ilustrar este fenómeno: el Aeropuerto de Iguazú batió en 2025 el récord histórico de pasajeros, pero las Cataratas todavía no alcanzan el máximo del 2019 prepandemia. Antes el tráfico de ambos estaba correlacionado y era casi idéntico. “Ahora mucha gente viene en avión a Iguazú y cruza a Brasil”, precisa Jorge Antonio, empresario gastronómico.
“Tenemos muchísimos, como 2000 sanantonienses más o menos, que pasan a trabajar al otro lado cada día”, destaca Fausto Rojas, intendente de San Antonio, otro pueblo de la frontera seca con Brasil.
“Cuando era chico mis tíos me contaban de los paraguayos o brasileños que venían acá a trabajar en los años 70 u 80, ahora eso se dio vuelta”, dice Cristian Klingbeil, un productor tealero y yerbatero de la zona centro, que por la crisis que aqueja a estas producciones de bajos precios decidió dejar el campo y emplearse en el taller metalúrgico de su padre en Oberá. “El trabajo en el taller también está amenazado, no se si pronto no voy a tener que buscar otra cosa”, agrega.
“Antes la gente se iba cuando se paralizaba la zafra, pero ahora se van en plena zafra, por los bajos valores que encima no se cumplen”, expresa a este medio Carmelo Rojas, secretario de la seccional Oberá de la Unión Obrera de Trabajadores Rurales (Uatre).
Otro muchacho, mate en mano, a punto de cruzar en la balsa; nunca había ido a Brasil
Rojas señala que un peón rural debería ganar unos 700.000 u 800.000 pesos al mes si se cumplieran los convenios, que los productores, afirma, no respetan porque tampoco a ellos les alcanza. En Misiones, los dueños en esta actividad casi siempre son pequeños agricultores, aquí se los denomina “colonos”, con superficies de entre 25 y 50 hectáreas que también están pasando por una crisis profunda, que en algunos casos los impulsa a poner en venta sus tierras.
“El misionero es muy arraigado, muy de su tierra, le cuesta irse, no es como el santiagueño que no tiene un trabajo en su provincia y está acostumbrado a emigrar”, reflexiona Ana Cubilla, quien es secretaria del Sindicato Único de Obreros Rurales (SUOR) y concejal de Andresito, localidad fronteriza con Brasil en la punta nordeste de Misiones.
Cubilla cuenta que en Andresito “hay barrios enteros de tareferos que se quedaron vacíos porque todos se fueron a Brasil a trabajar”. Para Cubilla, el 80% de los trabajadores de allí que podían emplearse se fueron a Brasil.
Espera en San Javier para hacer los trámites migratorios antes de subir a la balsa
Culpa a las políticas nacionales hacia la actividad por haber potenciado un fenómeno que, si bien existía, no llegaba a semejante nivel.
Gran cantidad de personas cruzan en San Javier: algunos son turistas, pero hay muchos jóvenes que van a la cosecha
Los tareferos cobran un subsidio durante los meses en que no hay cosecha (octubre, noviembre y diciembre), pero este subsidio es de la mitad de un sueldo mínimo. “No alcanza para nada, por eso muchos no pueden subsistir y buscan irse”, indica Cubilla.


