Viernes, 16 de enero de 2026   |   Campo

Apostaron por un cultivo en boom mundial y hoy impulsan un nuevo polo productivo en La Pampa

Apostaron por un cultivo en boom mundial y hoy impulsan un nuevo polo productivo en La Pampa

En octubre de 2021, en un rincón árido del sur de La Pampa, una familia se propuso un desafío que a muchos les parecía improbable: plantar pistachos donde casi nadie los imaginaba. Cuatro años después, en Casa de Piedra, las primeras plantas ya florecieron y comenzaron a semillar. Para los Gutiérrez, ese momento significó algo más que un hito agronómico: la confirmación de que el proyecto familiar que nació casi como un sueño empieza a echar raíces firmes.

La historia transcurre en una chacra de 28 hectáreas donde funciona PampaPist SRL, un emprendimiento que articula producción, conocimiento y una marcada impronta familiar. Allí, en pleno sur pampeano y con riego, el pistacho halló suelo, clima y agua propicios para crecer.

El origen del proyecto, sin embargo, no está en La Pampa sino a miles de kilómetros, en Europa. Todo comenzó en París, cuando Agustina Gutiérrez, tras un viaje de vacaciones, decidió dejar su trabajo y mudarse a Francia para desempeñarse como guía turística. Allí conoció a Juan Carlos, un joven español de Cuenca, un pequeño pueblo cercano a Madrid, cuya familia había sido pionera en la reconversión de olivares a pistachos en la provincia de Guadalajara.

“Fuimos los pioneros en implantar pistachos en la zona pero enseguida se generó un efecto de bola de nieve”, dijoGza. Gutiérrez

Ese giro productivo, que en su momento parecía insólito, terminó convirtiendo a la zona en una de las principales regiones pistacheras de España y de la Unión Europea.

“Hace como una década cuando mi hermana vino con su pareja a la Argentina a conocer, trajeron bolsas de pistachos en sus valijas; nosotros no habíamos comido nunca, y la realidad es que se enloqueció la familia”, recordó ante LA NACION Santiago Gutiérrez, diseñador gráfico y socio-gerente de PampaPist.

La familia compró una parcela de 28 hectáreas y la fue implantando de forma escalonada: primero cuatro hectáreas, después ocho y así sucesivamente; hoy, no solo tienen la finca implantada, sino que, además de ser los primeros en la zona, desencadenaron un efecto contagioGza. Gutiérrez

Las visitas se repitieron y también las maletas cargadas de pistachos. Con cada viaje crecían las conversaciones familiares sobre ese fruto exótico —primero como fantasía, luego como una posibilidad concreta de producirlo en el país—. “Los años siguientes volvieron a traer y se dieron las mismas conversaciones hasta que ya empezamos a dar forma y empezamos a recorrer distintos productores de diferentes regiones de la Argentina”, contó.

El primer destino fue San Juan, la provincia con mayor tradición en pistacho en el país. También recorrieron Mendoza. Sin embargo, la idea original siempre fue La Pampa y no quisieron renunciar a ella. “Como somos oriundos de esta provincia y vivimos en Santa Rosa para nosotros la idea siempre fue que el proyecto sea en alguna zona de La Pampa”, señaló.

“En la zona, tiene un máximo por implantar una hectárea de US$18.000, incluida la tierra”, indicó, frente a valores mucho más elevados en otras provincias, como en San Juan, donde el costo de implantación puede rondar entre los US$25.000 y US$30.000Gza. Gutiérrez

“Traen agua del río Colorado, del otro lado del dique que hay en Casa de Piedra, la pasan por una planta de procesamiento, una bomba gigante que no existe en Sudamérica y desde ahí llevan el agua a otra estación de purificado para luego llevarla hasta la cabecera de cada lote. Lo que hacen es vender lotes de 50 hectáreas aproximadamente, y en la cabecera de cada lote hay una bomba hasta donde llega el agua, con presión, purificada y limpia. Esto te genera una gran ventaja comparativa en cuanto a costos porque el agua ya está directamente en el lote”, explicó.

La familia compró una parcela de 28 hectáreas que fue implantando de manera escalonada: primero cuatro, luego ocho y así sucesivamente. Hoy no solo tienen la finca en producción, sino que —además de ser los primeros en la zona— desencadenaron un efecto contagio. “Fuimos los pioneros en implantar pistachos en la zona pero enseguida se generó un efecto de bola de nieve. En la actualidad, ya hay más de 300 hectáreas implantadas. Además, hay solicitudes ingresadas para poner otras 300 hectáreas más. Nosotros también pedimos unas 50 hectáreas adicionales. Esto va a crecer exponencialmente hasta convertirse en un polo productivo de pistachos que es un boom a nivel mundial. Ahora solo se ve la punta del iceberg“, afirmó.

En la actualidad, proveen de plantines a los productores de la zonaGza. Gutiérrez

La empresa está integrada por el padre, Fernando Gutiérrez, abogado, y sus seis hijos, cada uno con su profesión: desde diseñador gráfico y anestesista hasta estudiantes. En detalle, además de Fernando y Santiago forman parte Agustina, guía turística radicada en París; Lucas, anestesista; y Juan Manuel, Felipe e Ignacio, todos estudiantes. “Es un emprendimiento totalmente familiar, dentro de la empresa estamos todos los hermanos y mi padre”.

El aprendizaje fue, en gran parte, autodidacta. “Como diseñador gráfico, no tenía idea, por eso con mi padre empezamos a estudiar sobre el tema. Fue camino al andar”, reconoció.

Libros, miles de videos por Youtube, artículos técnicos y el seguimiento del modelo español fueron las principales fuentes de información. Señaló que en las fincas de la Argentina la forma de producción es totalmente distinta a la de Europa.

Agustina junto a su hija Sofia en los pistachos en EspañaGza. Gutiérrez

“Nuestra idea siempre fue copiar el modelo español. En las chacras de San Juan que recorrimos todas tienen su planta procesadora, sus cosechadoras y, por ahí alquilan el servicio a algún pequeño productor. Nuestra idea siempre fue armar una cooperativa, donde las máquinas se asignen por días y horarios de cosechas y después para la venta trabajar de manera mancomunada”, dijo.

Hoy, la familia produce sus propios portainjertos, realiza injertos, podas y también asesora a quienes quieren iniciarse en el cultivo. En total implantaron alrededor de 8000 plantas, con un dato que los sorprendió incluso a ellos: “En todo ese tiempo, vimos cómo las plantas fueron creciendo, adaptándose al lugar. Cuando las trajimos de San Juan, nos habían advertido que había una probabilidad de que mueran algunas plantas. Pero, de esas 330 plantas por hectárea que pusimos, no registramos ninguna muerta”, destacó.

“Nosotros no habíamos comido nunca, y la realidad es que se enloqueció la familia”, recordó el jovenGza. Gutiérrez

Aunque las plantas ya dieron frutos, decidieron quitarlos para priorizar la formación del árbol. “Las vamos a tener unos tres años más por lo menos en formación”, explicó. La producción comercial llegará más adelante, pero las proyecciones son alentadoras.

El destino de la producción está claro: la exportación. “Todas las grandes fincas de la Argentina destinan una muy pequeña parte al consumo interno, la mayor parte se va para afuera”, señaló.

En este momento, dijo, la demanda mundial supera ampliamente a la oferta y el precio se mantiene estable. “Hoy se vende a granel a US$10 el kilo, es un valor que se ha sostenido en los últimos 15 años”, detalló.

Si bien la inversión inicial es alta, el sistema de esa región pampeana reduce costos. “En la zona, tiene un máximo por implantar una hectárea de US$18.000, incluida la tierra”, indicó, frente a valores mucho más elevados en otras provincias, como en San Juan, donde el costo de implantación puede rondar entre los US$25.000 y US$30.000. Contó que la recuperación de la inversión comienza alrededor del séptimo año y la expectativa es alcanzar rindes de unos 3000 kilos por hectárea.

“Estamos hablando, año a año, de unos US$30.000 por hectárea. Mercado hay de sobra”, afirmó. En un contexto global donde el pistacho es un boom y la oferta no alcanza, en Casa de Piedra, al sur de La Pampa, una familia ya empieza a cosechar algo más que frutos: la confirmación de que animarse a lo distinto también puede dar resultados.

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