
La “tremenda dolarización” registrada en la segunda mitad de 2025 fue fruto de la incertidumbre política y electoral: entre agosto y noviembre empresas y particulares dolarizaron cerca de USD 25.000 millones, y el gobierno se vio obligado a aplicar una política monetaria extremadamente dura, con tasas cercanas al 100% anual, para evitar el drenaje de pesos de plazos fijos y cuentas corrientes. En definitiva, la incertidumbre política tuvo consecuencias económicas muy fuertes, explicó este domingo Antonio Aracre, ex CEO de la multinacional Syngente, ex asesor del presidente anterior, Alberto Fernández, y actualmente muy cercano al presidente Javier Milei, a quien visitó recientemente en la Quinta de Olivos.
Entrevistado por radio Rivadavia, Aracre se mostró sumamente optimista sobre la evolución de la economía en 2026. Dijo que, así como se produjo la “tremenda dolarización” en la segunda parte de 2025, desde noviembre —cuando el riesgo político se moderó tras la contundente victoria del gobierno en las elecciones legislativas de fin de octubre— también se despejó el riesgo económico. “Ya desde noviembre la política monetaria se hizo mucho más laxa, se redujeron encajes, bajaron las tasas de interés que en las licitaciones paga el gobierno, y por lo tanto bajan también las que los bancos aplican a sus clientes. Eso moverá el crédito y el consumo, lo que perdimos en la segunda mitad del año pasado y está volviendo desde diciembre”, dijo Aracre durante el programa Domingo 630, conducido por el periodista Jota Leonetti.
Lo que está ocurriendo ahora, explicó Aracre, es justamente lo contrario: la economía argentina —una de las más desmonetizadas del mundo y la más desmonetizada (moneda local retenida en relación al PBI) de América Latina— se está remonetizando. Hay un proceso incipiente que podría reforzarse con la reglamentación de la ley de inocencia fiscal, mediante el cual la gente convierte su “canuto” en dólares a pesos y los utiliza para reactivar la economía. “Todos los meses se dolarizaban pesos por unos USD 6.000 a 7.000 millones, pero desde noviembre esa ecuación se revirtió. No es que la gente ama el peso, pero los necesita y los usa para cuestiones pendientes, hace lo que tiene que hacer. Por eso el Banco Central pudo comprar casi USD 1.000 millones y el precio del dólar ni se mosquea”, dijo Aracre.
El economista también advirtió que, pese a que el gobierno decidió que desde enero las bandas cambiaras suban según la inflación, eso no implica necesariamente que el tipo de cambio se haya “indexado”. De hecho, remarcó, “estamos viendo una desindexación (del precio del dólar)”.
Según Aracre, “la gente está empezando a tener mayor educción financiero y se da cuenta que guardar dólares es perder 4 o 5% todos los años, y con los años es un montón. “Entonces los va a llevar a los bancos, que lo darán como crédito hipotecario o para bienes durables y eso incentivará el movimiento económico”, señaló. Quedarse en dólares, insistió, no solo hace que la gente deje de ganar lo que -por caso- rinde una obligación negociable, sino que pierde por el simple hecho de que hay inflación en dólares incluso en EEUU.
Sin embargo, el exejecutivo de Syngenta subrayó que el mayor movimiento económico que generará la remonetización debe ir acompañado de mejoras en la productividad de las empresas argentinas, para que puedan “competir razonablemente con lo que ingresa del exterior”.
En ese sentido consideró clave la reforma laboral. El empleo en blanco, que aporta a la seguridad social, está estancado desde hace 20 años en 6 millones de empleos registrados, mientras que hay 8 millones de trabajadores en negro. Lo más importante de la reforma, dijo, no es solo que mejore la productividad y quite el temor de las empresas a contratar, sino que al aumentar el empleo registrado aporte mayor sustentabilidad al sistema jubilatorio.
Por último, consultado sobre el panorama del campo, Aracre, que por su experiencia en Syngenta conoce muy bien al sector, dijo que hubo “cambio de humor” de los productores gracias a la eliminación de retenciones a los productos regionales y a la reducción sobre los principales cultivos. Por eso la cosecha de trigo fue 50% más alta que el promedio de los últimos diez años. En cuanto a la cosecha gruesa, apuntó, si acompañan las lluvias —que hasta ahora han sido escasas— el maíz y la soja también apuntalarán desde abril la recuperación de la economía.
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