Tras la escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán por la violenta represión de las protestas en Teherán, analistas advierten que la agitación interna que sacude a la teocracia iraní podría aumentar los riesgos de proliferación nuclear.
Aunque en los últimos días el presidente estadounidense Donald Trump parecía haber descartado un ataque militar contra Irán, el sábado pidió el fin del casi 40 años de reinado del líder supremo, el ayatollah Ali Khamenei, en ese país. Los comentarios de Trump respondieron a que Khamenei lo calificara de “criminal” por apoyar a los manifestantes en Irán y los culpara de causar miles de muertes.
Mientras tanto, un portaaviones estadounidense que días atrás se encontraba en el Mar de China Meridional pasó por Singapur durante la noche y entró en el Estrecho de Malaca, situándose en una ruta que podría conducirlo hacia Oriente Medio.
Ante esos peligros, los analistas señalan que el material nuclear iraní también podría verse comprometido.
David Albright, ex inspector de armas nucleares en Irak y fundador del Instituto para la Ciencia y la Seguridad Internacional, una ONG con sede en Washington, afirmó que, en un escenario de caos interno en Irán, el gobierno podría “perder la capacidad de proteger sus activos nucleares”.
Añadió que las reservas de uranio altamente enriquecido de Irán “sería lo más preocupante”, y sostuvo que existe la posibilidad de que alguien pueda sustraer parte de ese material.
Hay precedentes históricos de escenarios similares.
Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, uranio altamente enriquecido y plutonio aptos para la construcción de armas nucleares desaparecieron debido al deterioro de la seguridad y la protección de esos activos.
Hasta ahora, Irán ha mantenido el control de sus instalaciones, incluso después de que Estados Unidos las bombardeó en la guerra de 12 días que Israel lanzó contra la República Islámica en junio.
Irán conserva un arsenal de 440,9 kilogramos de uranio enriquecido hasta un 60% de pureza, lo que lo separa técnicamente del umbral de grado armamentístico del 90%, según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el ente de control nuclear de la ONU con sede en Viena.
El organismo señaló en un informe en noviembre pasado que no ha podido verificar el estado ni la ubicación de ese arsenal de uranio altamente enriquecido desde la guerra de junio.
En ese mismo informe de noviembre, el OIEA indicó que, por lo tanto, había perdido la continuidad del conocimiento sobre los inventarios previamente declarados de material nuclear en las instalaciones afectadas por la guerra.
Un diplomático cercano al OIEA confirmó el lunes que el organismo todavía no ha recibido información de Irán sobre el estado ni el paradero del arsenal de uranio altamente enriquecido. El diplomático habló bajo condición de anonimato, conforme al protocolo diplomático.
Albright explicó que las reservas iraníes de uranio altamente enriquecido cabrían en unos 18 a 20 cilindros diseñados para su transporte, de alrededor de 50 kilogramos cada uno. “Dos personas pueden transportarlo fácilmente”, afirmó en referencia a cada contenedor.
Kelsey Davenport, directora de política de no proliferación de la Asociación para el Control de Armas, con sede en Washington, advirtió que existe el riesgo de que las reservas “puedan ser desviadas a un programa encubierto o robadas por una facción del gobierno o del ejército que desee conservar la opción de fabricar armas”.
Añadió que ese riesgo se intensifica cuando el gobierno iraní se siente amenazado o se desestabiliza.
Parte del material nuclear podría ser contrabandeado fuera de Irán o vendido a actores no estatales en caso de caos interno o de un posible colapso del gobierno, afirmó Davenport.
“El riesgo es real, pero es difícil de evaluar, dadas las incógnitas sobre el estado y el paradero de los materiales”, enfatizó.
Tanto Davenport como Albright subrayaron que también existe la posibilidad teórica de fabricar bombas nucleares con uranio enriquecido al 60% proveniente de Irán. Teherán, en tanto, ha sostenido durante años que su programa es pacífico.
No obstante, un arma construida directamente con uranio enriquecido al 60%, en vez de la pureza habitual del 90%, requiere más material nuclear, lo que la convierte en “mucho más grande y voluminosa, y probablemente no apta para su lanzamiento” desde un misil, según Eric Brewer, exanalista de inteligencia estadounidense y actual vicepresidente adjunto de la Iniciativa contra la Amenaza Nuclear.
Añadió que un dispositivo de ese tipo aún podría ser “detonado en el desierto”, por ejemplo.
Brewer dijo que no se debe descartar por completo que el gobierno iraní actual opte por esa vía, pero remarcó que la mayor parte de la información sugiere que el uranio altamente enriquecido “permanece enterrado en un túnel como resultado de los ataques estadounidenses y probablemente no sea fácilmente accesible para el régimen; al menos no con un riesgo importante de detección y otro ataque por parte de Estados Unidos o Israel”.
También sostuvo que los acontecimientos recientes “también han demostrado que el Líder Supremo tiene un listón muy alto para cualquier decisión de armamentismo”.
En un escenario de caos interno, el reactor nuclear iraní en Bushehr —la única central nuclear comercial de Irán, a unos 750 kilómetros al sur de Teherán— podría ser saboteado o atacado con la intención de provocar daños o alcanzar un objetivo político, advirtió Albright. Bushehr se alimenta de uranio producido en Rusia, no en Irán.
Hasta ahora no hay indicios de que Irán haya perdido el control de sus fuerzas de seguridad.
Albright recordó el ataque del brazo armado del Congreso Nacional Africano contra la central nuclear de Koeberg, en Sudáfrica, cerca de Ciudad del Cabo, durante la creciente resistencia antiapartheid en 1982. El sabotaje causó daños considerables, pero no produjo lluvia radiactiva.
“Si el reactor de Bushehr sufre un accidente grave, los vientos transportarían la lluvia radiactiva en un plazo de 12 a 15 horas a los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Omán”, declaró Albright.
(AP)




