
Si bien no es algo nuevo, enlos últimos meses creció en el país el número de ilícitos dentro de hospitalesy centros de salud, y lo que parecen sucesos menores, ya que la mayoría de lasveces ni siquiera son caratulados de manera judicial como “robo” sino como”hurto” (debido a que los delincuentes cometen el hecho en ausencia detestigos), esconden una problemática mucho mayor de fondo, porque varios de losequipos sustraídos, que terminan en el mercado negro de la medicina, no solocuestan millones sino que sirven, básicamente, para salvar vidas.
PERFIL tuvoacceso a varias de las denuncias, donde se destaca un sinnúmero de incidentesen diferentes nosocomios, principalmente ubicados en La Plata. Claro que losladrones no se conforman con ingresar a los hospitales, sino que también marcana las víctimas, las reconocen como profesionales de la salud y laspersiguen hasta encontrar el momento perfecto para abordarlas.
Uno de loscasos más graves, debido al precio del instrumental y a la importancia a lahora de atender a cientos de pacientes, lo sufrió el cirujano Pablo Iriarte.Oriundo de Tres Arroyos pero vecino de La Plata, le contó a este diario quedejó su camioneta en la puerta de su casa, emplazada en la residencial zona de53 entre 21 y 22, y olvidó dentro un costoso aparato que utiliza a diario. “Esun equipo de cirugía laparoscópica que consta de dos videocámaras, una fuentede luz y un compresor”, detalló la víctima, calculando el precio enaproximadamente un millón de pesos. Los delincuentes -se desconoce cuántos-habrían utilizado un inhibidor para abrir las puertas del vehículo, ya que nofueron forzadas ni había ventanillas rotas.
Poco después, dos desconocidos irrumpieronen el hospital de Niños Sor María Ludovica, también en la capital provincial.Sin importarles las cámaras de seguridad, uno de ellos se apoderó de unecógrafo, mientras el otro fue hacia un pasillo y comenzó a mirar hacia todoslados, actuando de campana. Antes de irse con el botín, uno se persignó variasveces, se tomó la cabeza y hasta miró directamente a la cámara que registrabasus movimientos.
Réplicas.
“Hay dos tipos de delincuentes que se dedican aestos hechos: personal de centros médicos que conocen los precios de losaparatos y los sustraen para ingresarlos al mercado negro, y oportunistas queven la ocasión de robarse un elemento que consideran caro del interior de unvehículo, por citar un ejemplo”, le contó a PERFIL un comisario de vasta experienciaen la Policía Bonaerense, quien incluso logró desbaratar una banda dedicada aestas maniobras a inicios de este siglo. En ese sentido, en diciembre(paradójicamente justo en el Día del Médico) se llevaron del interior de unauto estacionado en las calles 14 y 44 del centro platense un equipo deelectroencefalograma. El hijo del damnificado informó que “es principalmente elmedio para poder hacer los estudios en clínicas y terapias de niños”.
Sibien hoy en día es más sencillo detectar ciertos equipos médicos dando vueltaspor diferentes páginas de internet, sigue siendo dificultoso dar con todosellos y, más aún, con los responsables. “No es sencillo, aunque por suerteahora contamos con más herramientas y peritos tecnológicos que están capacitadospara rastrear en distintas áreas dentro del mundo digital. Ahí hay grupos queestán vinculados a la comercialización de este tipo de suministros en elmercado negro, donde los costos caen”, amplió el vocero, quien explicó que nonecesariamente son médicos o enfermeros quienes se apoderan de los aparatos,sino también personal ajeno, como “integrantes de seguridad y hastaresidentes”.
Las sospechas, sin embargo, recaen en los profesionales porque”por lo general no son máquinas fáciles de desconectar. Para hacerlo hay quetener algún conocimiento del tema”, declaró un pesquisa, y añadió: “En elHospital Español (de La Plata) robaron los transductores de un ecógrafo, quepara sacarlos hay que saber cómo desconectarlos, y también ver si pueden usarseen otro ecógrafo”. Fuentes médicas detallaron que un aparato de estos,nuevo, puede costar entre $ 600 mil y $ 800 mil.
Esta metodología de robos nose reduce a una sola ciudad. En Concordia, Entre Ríos, se perpetraron tresdelitos con pocas horas de diferencia, y si bien las autoridades policialesestuvieron detrás de una pista fuerte, nunca se logró dar con los causantes,aparentemente una banda de cinco colombianos -tres hombres- que en otros paísesde Sudamérica como Brasil, Chile, Perú y Ecuador materializaron el mismodelito. Esta organización se adueñó de un paquímetro del Centro de OjosEsteves-Esteves, mientras que del sanatorio Garat se fueron con cincotransductores.
Si bien el valor de esos instrumentos supera los 100 mildólares, no se conformaron y atacaron en el Centro Ambulatorio, donde seapoderaron de cuatro transductores de un ecógrafo. De ahí se fueron haciaColón, otra localidad entrerriana, y del Sanatorio Médico Quirúrgico robaron unecógrafo portátil y partes de otro. Por último, siempre la misma banda,sustrajo del hospital Centenario de Gualeguaychú un ecógrafo, bajo la mismamodalidad: el hurto, sin que nadie se diera cuenta.
Hubo más hechos en Rosarioy la localidad bonaerense de Tres de Febrero, pero nunca se pudo establecer sise debía a la misma organización. El alto costo de los instrumentos médicos siempre tentó a losdelincuentes, quienes buscan la manera de apoderarse de ellos. “Hace muchosaños participé en una causa de robo en el Hospital de Niños (de La Plata),donde habían sustraído elementos quirúrgicos de alta complejidad”, le contó aeste diario un comisario de alto rango en la Policía Bonaerense. Y dijo que losresponsables fueron “dos personas que trabajaban en el centro médico sellevaron del mismo material quirúrgico y fibra óptica”.
La sorpresa fue cuandoallanaron la casa de dos médicos matriculados en los hospitales Italiano yRossi, de la capital provincial, y encontraron parte del botín -el resto estabadiseminado en diferentes clínicas-. “No fueron ellos los ladrones, sino quecompraron las máquinas a un precio mucho más económico, conociendo que eranrobados”, amplió. El grave suceso, materializado en agosto de 2003, culminó conla detención de un neurocirujano, un cirujano (por los delitos de”encubrimiento agravado”) y una becaria de 31 años del sector deesterilizaciones, que debía cuidar y manejar el instrumental, valuado en más de50 mil dólares. A ella la condenaron por “fraude contra la administraciónpública”.




