Jueves, 29 de enero de 2026   |   Campo

Aftosa: mantener la vigilancia para aprovechar el buen momento de la ganadería

Aftosa: mantener la vigilancia para aprovechar el buen momento de la ganadería

Por esos días asistimos con asombro a la compleja situación de fiebre aftosa que atraviesa Sudáfrica. No es un dato menor: durante muchos años fue un país libre y con vasta experiencia en la materia. Contaba con un excelente laboratorio de referencia de la OMSA [Organización Mundial de la Salud Animal], amplia trayectoria en aftosa y productores y profesionales capacitados.

Lamentablemente se bajó la guardia: se flexibilizaron controles, ni su Ministerio del Agro ni el organismo sanitario fueron priorizados, y ambos estuvieron atravesados por ciertas necesidades políticas. Como resultado, sufren nuevamente un calamitoso brote de fiebre aftosa.

El brote estaría desbordado; a la lamentable situación sanitaria del ganado sudafricano se suma la pérdida de mercados y, además, ya alcanzó al sector porcino.

El mundo enfrenta riesgos pandémicos: los virus saltan y mutan con extrema facilidad. En salud humana padecimos los efectos devastadores del Covid en todo el mundo, y ahora las distintas gripes también ponen en riesgo a la población mundial.

“La situación mundial ante la fiebre aftosa está en el peor momento en décadas y con características de enorme particularidad”

En sanidad animal ocurre algo similar. Por eso no es momento de bajar la guardia ni de flexibilizar normas; al contrario, toda la cadena ganadera y el sector de carnes en su conjunto deben exigir y financiar una sanidad más robusta que proteja nuestro ganado y, con ello, garantice la continuidad de los distintos mercados para nuestras carnes.

La situación mundial ante la fiebre aftosa se encuentra en el peor momento en décadas y con características de enorme particularidad. Al caso de Sudáfrica debemos sumar que Europa registró casos en 2025 después de cincuenta años. Lo mismo ocurre en varios países de Asia, el norte de África y Oriente Medio. Si bien hoy América parece más tranquila, no olvidemos el foco de Colombia en 2018 y la escasa o nula información que la región tiene sobre la sanidad animal en Venezuela y sus particularidades político-sanitarias.

Los ganaderos, por suerte, transitamos un buen momento, con perspectivas favorables para los próximos años, tal como lo señalan día a día los especialistas. A la posible ampliación de cuota por parte de los Estados Unidos se suma la consolidada cuota asignada por China y el acuerdo UE-Mercosur.

Todas las señales son positivas y auguran un futuro promisorio para la ganadería argentina en los próximos años. Pero debe ser la sanidad la garante de la consolidación de este gran momento y de las perspectivas a mediano plazo. Sin sanidad no hay exportaciones; sin una sanidad adecuada no lograremos ampliar el stock ganadero.

Al escribir estas líneas recuerdo la charla del presidente de la Asociación Rural de Uruguay: el año pasado, en el seminario de la Bolsa de Comercio de Rosario-Rosgan, afirmó con claridad que mejorar comercialmente no depende solo del estatus sanitario, y que en Uruguay consideran que lo que pudieran ganar con un posible cambio a libres de fiebre aftosa sin vacunación no justifica el riesgo a asumir.

Esas palabras y la fuerte inestabilidad sanitaria mundial deben llevarnos a reflexionar en nuestro país a todos los que intervenimos en la materia. En primer lugar, no podemos darnos el lujo de bajar la guardia: hay que reforzar los controles de frontera, pues sabemos que existen problemas de vacunación en algunas regiones. Debemos sostener todos y cada uno de los controles necesarios y mantener las normas que tanto bien y resguardo nos han dado.

No es tiempo de permitir presiones políticas sobre el organismo técnico sanitario; muchas apelan a supuestos argumentos de modernización que solo flexibilizan controles e importaciones. Tampoco conviene permitir que vacunas de menor durabilidad modifiquen los programas de vacunación, lo que podría obligarnos a vacunar terneros tres veces al año o a volver a vacunar a la hacienda adulta contra la fiebre aftosa dos veces al año. Sería riesgoso cambiar de caballo en medio del río, y más aún sin garantías suficientes.

El Senasa es el organismo central en la materia; debemos fortalecerlo, capacitar a su personal y, con salarios acordes, frenar la fuga de sus mejores cuadros técnicos. No hay que permitir que ciertas necesidades o caprichos políticos pongan en riesgo el sistema sanitario: ya tuvimos muy malas experiencias cuando eso sucedió.

No debemos abandonar nuestro sueño de la Argentina libre de aftosa sin vacunación, pero quizás no sea ahora el momento de apresurarnos. De todos modos, convendría trabajar desde ahora en un buen programa, quizás público-privado, que incluya análisis de riesgos mundiales y regionales, evalúe las garantías de los bancos de vacunas y, sobre todo, lleve adelante muestreos rigurosos y consistentes de cobertura vacunal. Ese programa debería, con la información básica necesaria, determinar las posibilidades, los riesgos y, sobre todo, los tiempos y alternativas para avanzar de manera firme y concreta.

“No debemos abandonar nuestro sueño de la Argentina libre de aftosa sin vacunación, pero quizás no sea ahora el momento de apresurarnos”

Hoy, por suerte, el precio de la hacienda es bueno; por eso creo que los productores debemos reflexionar: el costo de una sanidad integral del rodeo no es alto en relación con el beneficio. Hay mucho por trabajar en torno a los costos extras en los campos ganaderos: además de la alta carga tributaria, se suman la tasa vial, las guías y los permisos de marcación, por ejemplo. Tasas que nacieron con fines específicos y hoy se han desbordado. Sus importes son altísimos y es bien sabido que los fondos recaudados se destinan a otros fines o a necesidades políticas de los intendentes. Ahí es donde debemos insistir y pedir a los funcionarios y a las cámaras de representantes, nacionales o provinciales, que frenen estos abusos. Si desde el Gobierno buscan flexibilizar, podrían también analizar el caso del Ipcva, cuyo costo se ha incrementado, y que a esta altura no justifica que se use el Estado para un cobro coercitivo.

La ganadería tiene, sin duda, un futuro promisorio; pero, por favor, no bajemos la guardia sanitaria o perderemos una vez más una gran oportunidad.

El autor es productor ganadero, exvicepresidente del Senasa

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