La última jornada de recepción de la prueba testimonial en el juicio oral y público que se le sustanció a Carlos Oscar Romero y a un menor de 19 años por el delito de Robo calificado por el uso de arma de fuego se fue sin que los testigos, que declararon por primera vez en la causa, pudieran señalar a ninguno de los imputados. Sin embargo, el hecho más significativo que se vivió ayer estuvo relacionado con el testimonio de Guillermo Mulet, el abogado que se presentó en la comisaría de Cerrito la tarde del 10 de noviembre de 2006, horas después del asalto para reclamar por un preso vinculado a un ilícito, circunstancias en las que quedó detenido Romero, quien está desde ese día preso en la Unidad Penal Nº 1 de Paraná.Mulet realizó un pormenorizado relato de lo que sucedió ese día, de las circunstancias en que llegó a sus manos el caso y de hechos anteriores que exhibieron una suerte de animosidad de la Policía contra Romero. Con respecto a este último punto contó que entre 15 y 20 días antes de que resultara detenido en Cerrito por el hecho que se investiga en esta audiencia, Romero fue detenido por personal de la comisaría cuarta de Paraná, dependencia en la que fue golpeado duramente y que motivó una investigación que terminó con la remoción de la cúpula de aquella comisaría. También recordó que en este hecho la madre de Romero sufrió la fractura de una mano. Mulet refirió que Romero “no tenía vida, cualquier cosa que pasaba iban y lo detenían”.Sobre las circunstancias en las que tomó contacto con el caso, explicó: “A las 12.30 me llamó la madre del menor imputado porque estaba herido de bala y lo tenía la Policía”, además agregó que la mujer le dijo que estos “le dijeron que si lo encontraban lo iban a hacer mierda porque se había enfrentado con ellos”.Así, en concordancia con lo que declararon otros testigos allegados a Romero, relató las circunstancias en las que se encontró con este para que lo acompañara hasta Cerrito, pedido que se fundó en la amistad que tiene con el imputado. Consultado sobre si Romero sabía del hecho por el que iban a averiguar a Cerrito, sostuvo que no, que se lo contó él de camino pero no le dio demasiadas precisiones. Interrogado acerca de numerosos llamados telefónicos entre ambos, Mulet explicó: “Me llamaba mucho porque era defendido mío en la causa de Diamante (asalto al frigorífico Alberdi, causa en la que fue sobreseído) y por los apremios en la comisaría cuarta”.Finalmente Mulet sostuvo, a modo de crítica del accionar policial: “La Policía tiene fotos de todos los sospechosos de un ilícito, va a la víctima y le dice ‘estamos seguros de que fue esta persona, pero si usted no lo reconoce no podemos hacer nada”, y opinó que con este tipo de proceder “se ha desvirtuado el reconocimiento en rueda de personas”. Final sin referenciasLos tres últimos testigos de la causa fueron los policías Ángel Pasutti y Alcides Romero y el gerente de ventas de Indavisa, Enzo Scoponi. Precisamente éste estuvo en la empresa el día del asalto y relató ayer el caos que se generó en las oficinas por el violento accionar de los asaltantes. Recordó que una persona armada abrió la puerta y le apuntó con una pistola -dijo que el desconocido la amartilló e imitó con las manos el movimiento, por lo que por esto y porque no tenía tambor estaba seguro de que era una pistola y no un revólver- luego lo tiró al piso e intentó atarlo con unos precintos, pero no lo logró y el compañero se dedicó a atar a las empleadas.Ante la pregunta del tribunal de si podía aportar alguna característica física de los asaltantes, dijo que no porque “fue todo muy rápido, sólo recuerdo que el que me apuntó era delgado, de tez trigueña”, y agregó: “El muchacho que vi no está acá; tenía el cabello corto, no era gordo y no tenía barba”.En tanto que los dos efectivos -Pasutti fue sumariante de los procedimientos realizados en Hernandarias y Romero era el jefe de comisaría local- realizaron un relato cronológico de los hechos, pero no aportaron nada nuevo al debate. Incluso, consultados acerca de un procedimiento realizado esa mañana después del asalto, en el que se hizo descender de un colectivo de larga distancia que salía del pueblo a una pareja que levantó sospechas, no pudieron precisar si tenían relación con los imputados o si recordaban que la chica estuviese embarazada. (Guente: Uno)


