
Sentada frente a la pista de la 25a. Exposición del Ternero Angus, en Cañuelas, Estela Parisi no logra disimular los nervios. Su mirada se fija en el centro de la pista, donde en cualquier momento ingresará su hijo Emiliano, de 18 años, al frente de uno de los tres animales con los que la cabaña Zelduar compite este año. Ese instante concentra una doble emoción: el orgullo de ver a sus hijos implicarse en el proyecto familiar y la pasión por una actividad que la acompaña desde la adolescencia, cuando, junto a su hermano, asumió el legado de su padre.
“Soy una apasionada del Angus y de los animales. Tengo el problema de que me encariño y después no los quiero vender”, admite entre risas en el Centro de Remates y Exposiciones de la Asociación Argentina de Angus, donde se desarrolla la muestra organizada junto con Expoagro. La criadora dirige, junto con su familia, la cabaña ubicada en General Guido, provincia de Buenos Aires.
La pareja de Estela Parisi, Sergio Ribalta, el hijo de Parisi, Emiliano, y Parisi
La relación de Parisi con el campo comenzó muy joven. A caballo acompañaba a su padre en las recorridas y escuchaba con atención las charlas con consignatarios y empleados. “Siempre estuvimos muy empapados de la problemática del campo. Desde chicos supimos de qué se trataba el trabajo diario”, recuerda.
Esa formación, cuenta, permitió que, cuando su padre falleció de forma inesperada —ella tenía 13 años y su hermano, 15— ambos pudieran continuar, al menos por un tiempo, con el manejo del rodeo. “Mi papá ya tenía un muy buen rodeo Angus, aunque no participaba en exposiciones. Todo era a campo, con un rodeo negro espectacular. Nosotros seguimos un tiempo en sociedad, y después cada uno siguió su camino”, rememora.
Años después, las ganas de mantener viva esa historia se hicieron más fuertes y Parisi decidió reflotar la cabaña. Comenzó con un rodeo base de unas 60 vacas registradas y controladas por la Asociación Argentina de Angus. La inseminación llegó casi como un experimento para aumentar el rodeo, pero pronto se transformó en una convicción. “Me enamoré de los terneros que nacían. Desde entonces nunca más dejé de inseminar”, asegura.
La genética, de hecho, se convirtió en el eje de su proyecto. Seleccionar, clasificar y buscar siempre al animal ideal se transformó en su verdadera pasión. “Trabajar en genética es apasionante: es mejorar cada día, comparar, medirnos con otras cabañas. Pero también sé que la pasión debe ir acompañada por la parte económica: la producción de forrajes, el asesoramiento del veterinario, del ingeniero agrónomo. Son muchas patas que tienen que sostener a la cabaña”, explica.
Parisi y su hija Estefania junto a uno de los animales de la cabaña
El proyecto, dice Estela, fue creciendo de a poco hasta que en 2017 dio un salto importante con la incorporación de animales de pedigree. Con apenas dos terneras y una vaquillona preñada, Zelduar inició una nueva etapa, más desafiante y competitiva. Desde entonces empezó a poner a prueba su genética frente a las mejores cabañas del país. “Fue un desafío enorme, pero también una motivación muy grande. Siempre digo que competir con las grandes cabañas, teniendo una estructura chica, es difícil, pero es lo que más me apasiona”, afirma.
El punto de inflexión llegó con “Segundo”, un reservado Gran Campeón de las Nacionales de Primavera de Olavarría, que se convirtió en un emblema para Zelduar. “Ese premio nos abrió un montón de puertas. Fue un antes y un después, porque nos empezó a dar visibilidad y reconocimiento”, señala.
En esta edición de la Nacional de Primavera de Angus Parisi presentó tres ejemplares: dos terneras —Gaucha e India— y una vaquillona intermedia hija de “Segundo”. Verlas en la pista ya es un logro, pero el verdadero orgullo está en quién las conduce: su hijo Emiliano. “Es una mezcla de nervios, satisfacción y orgullo. Además ver a mis hijos en la pista le da un plus”, confiesa.
Segundo, el toro Reservado Gran Campeón en la Nacional de Primavera de Olavarría
El motor de Zelduar, subraya, es justamente la familia. Además de Emiliano, su hija Estefanía también participa en la actividad —incluso fue parte de la jura Junior en esta muestra—, y su pareja, Sergio Ribalta, la acompaña. “Nos conocimos en la Escuela de Jurados Angus en 2004, y desde entonces compartimos esta actividad”, relata Parisi.
Hoy, la cabaña produce entre 50 y 60 toros por año, cría animales puros por cruza, organiza remates en Maipú y se sostiene como la principal fuente de ingresos de la familia. Estela cuenta con orgullo que el nombre Zelduar es el mismo que llevaba la cabaña de su padre y que surgió en honor a sus abuelos, Celmira y Eduardo. “Esto es lo que somos y lo que hacemos, las 24 horas de cada día. Le pongo el alma a la cabaña”, afirma Parisi.




