
En el marco del 24° aniversario de la desaparición de la familia Gill —un caso que aún estremece a Entre Ríos— el comisario principal retirado Juan Antonio Rossi ofreció un testimonio crudo y minucioso sobre la investigación. «Sostengo que la familia completa fue víctima de un horrendo crimen», afirmó el funcionario policial, que recuerda con detalle las tareas realizadas para intentar localizarlos.
En diálogo con el programa El Séptimo Día (Radio Plaza 94.7), quien fue uno de los investigadores principales del expediente expuso sus convicciones y los obstáculos que afrontó la policía para hallar a los seis integrantes de la familia oriunda de Nogoyá.
La familia, compuesta por José Rubén ‘Mencho’ Gill, de 56 años, su esposa Margarita Norma Gallegos, de 26, y sus hijos María Ofelia, de 12, Osvaldo José, de 9, Sofía Margarita, de 6, y Carlos Daniel, de 2, fue vista por última vez en enero de 2002 en la estancia La Candelaria, en Crucecita Séptima.
Rossi, que por entonces se desempeñaba como oficial principal, recordó que las actuaciones comenzaron de forma imprecisa y con la hipótesis inicial de que se habían ido por sus propios medios. «Las averiguaciones comenzaron profundizándose por llamadas telefónicas y por ir al campo a hablar con el vecindario. Entendamos que la ciudad de Nogoyá dista 74 kilómetros del lugar de residencia de esta familia por caminos de tierra; cada incursión demandaba prácticamente un día de trabajo arduo», explicó el exfuncionario.
Además, Rossi desmintió que el dueño del campo, Alfonso Goette, les hubiese pagado un asado a los policías durante un procedimiento. «Cuando uno va al campo a hacer una investigación, una tarea, llámese para rodeo, averiguaciones o lo que sea, uno no puede llevar elementos como para hacer una comida elaborada, que se puede preparar en un lugar acondicionado al efecto. Uno lleva un pedazo de carne o lleva un trozo de carne para tirar a una parrilla, que se haga rápido, que no demande mucho requerimiento culinario, digamos, pero que nos haya recibido, que nos haya atendido. No, jamás. Yo lo descarto totalmente, al menos en mi presencia».
La hipótesis del crimen y la estancia La Candelaria
Aun cuando los años pasaron y la causa continúa caratulada como «averiguación de paradero», Rossi fue categórico sobre su convicción acerca de lo ocurrido en la estancia. «Sostengo que la familia completa fue víctima de un horrendo crimen. Estoy totalmente convencido de que esta gente nunca salió del campo, o al menos no con vida por su propia voluntad», sostuvo.
Según su análisis, compartido con otros investigadores y peritos, los Gill podrían haber sido testigos o involucrados accidentalmente en algo que no debían: «Vieron lo que no tenían que ver o escucharon lo que no tenían que escuchar».
Y aclaró que su posición no es una suposición ligera. «Esto lo hemos hablado, discutido, conversado con toda la gente que ha participado en la investigación: cuerpo médico forense, policía de distintos lugares, inclusive tuvimos la participación de un oficial de la Academia del FBI», dijo, y añadió: «Es una deducción bastante triste en cuanto al desencadenamiento, pero real, es muy real lo que les estoy diciendo».
Sobre el propietario del establecimiento, Alfonso Goette, Rossi lo describió como “un hombre especial, de carácter fuerte y con un estado físico envidiable para la edad que tenía”. Recordó haberlo visto, ya con más de 70 años, trepado a los molinos y realizando tareas rurales.
“Con nosotros —conmigo en particular— siempre tuvo un muy buen diálogo. Era una persona con instrucción avanzada. En su juventud había trabajado como operario en una farmacia. Convengamos que, hace 40 o 50 años, las farmacias no contaban necesariamente con un farmacéutico, sino con personal idóneo que manejaba con precisión la medicación, las drogas y ese tipo de sustancias”, relató Rossi.
Tras esa etapa, Goette se volcó al agro y a la ganadería. Falleció en un accidente de tránsito en junio de 2016.
Rossi recordó que Goette hizo una exposición policial un mes después de la desaparición para dar de baja a «Mencho» Gill como empleado, alegando que se habían ido de vacaciones y no habían regresado.
Acerca de las condiciones de vivienda de los Gill, el exjefe describió una casa precaria: «Era una casa deshabitada, cerrada, con condiciones de habitabilidad mínimas. Era prácticamente el ala de un galpón convertida en vivienda para gente de muy escasos recursos».
Además, relató cómo fue el último momento en que se los vio con vida: “La última persona que vio a la familia Gil fue una señora Villanueva y su marido Centurión, vecinos del establecimiento. Ellos los trajeron de regreso a la familia de aquel sepelio al que concurrieron un domingo en Viale, si no mal recuerdo, 13 de enero. Fueron con un matrimonio y volvieron con otro. Bajaron en la puerta del establecimiento y caminaron unos 300, 500 metros hasta la propiedad donde habitaban”.
Pistas falsas y el uso de tecnología
Durante la entrevista con El Séptimo Día, Rossi rememoró cómo se descartaron varias pistas —por ejemplo, la versión del gomero de La Picada, Jacinto Domingo Haller, quien afirmó haberlos visto en un Chevrolet 400 rumbo a Corrientes, relato que resultó ser fruto de su imaginación— y detalló el trabajo exhaustivo sobre los registros telefónicos de la época, que implicó trasladar grandes rollos de papel continuo desde Córdoba para analizarlos manualmente antes de contar con sistemas informáticos avanzados.
En relación con las gestiones recientes para obtener imágenes satelitales de la NASA, impulsadas por la querella a cargo de Marcos Rodríguez Allende, Rossi aclaró que no se trata de una innovación en el expediente. «Esa intervención de la NASA y de distintas oficinas de investigación aeroespacial fue pedida hace por lo menos 15 años. Todo está incorporado en el expediente que hoy debe tener entre 18 y 20 cuerpos», señaló, aunque reconoció que cualquier indicio nuevo renueva la esperanza de esclarecimiento.
Una deuda con la sociedad
Después de invertir más de la mitad de su carrera policial en el caso Gill, Rossi admitió sentir una carga personal por no haber llegado a una conclusión definitiva. «Me siento en deuda con la sociedad por no haber podido brindar una respuesta. Es como un talón de Aquiles que a uno le queda», confesó emocionado. Subrayó, además, que si bien ya no está en actividad, la pesquisa fue llevada a cabo de manera seria y responsable con los recursos técnicos disponibles en aquel momento.
El caso de la familia Gill continúa siendo un hecho sin precedentes en democracia: seis personas desaparecidas sin que hasta el día de hoy se hayan encontrado rastros fehacientes de su destino.




